En el marco del Aula de Poesía de la Posada del Potro (Córdoba 1990-1994), dirigida por Pedro Roso, se inscribía, entre otras cosas, un programa de publicaciones que incluía la edición de los Pliegos de la Posada, donde se recogió una muestra de los poetas y escritores que participaron cada temporada en el Aula, con seis números publicados, el último dedicado a los jóvenes poetas cordobeses. Presentamos aquí, en Aula Poemática esa publicación (Pliegos de la Posada, 6) y comprobamos de paso cómo muchos de ellos han llegado a ser actualmente primeras figuras de la poesía española actual: Federico Abad, Eduardo García, Pablo García Casado, Victoriano García Paz, Ángeles Giner, Antonio Luis Ginés, Rafaela Hames, Asun León, Esperanza Mir, Antonio Moreno, Rafael Carlos Padilla, Balbina Prior, María Rosal, Pilar Sanabria, Victoria Tessio.
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miércoles, 16 de noviembre de 2011
sábado, 9 de mayo de 2009
Un poema de Eduardo García, PREMIO DE LA CRÍTICA 2009, y César Vallejo

Vuelvo a escribir en mi blog, tras bastante tiempo. El reciente premio a Eduardo García por su último libro, La vida nueva, me impulsa a ello. Precisamente, esta obra fue la primera con la que inicié este blog dedicado al comentario de libros de poesía. En realidad, se trata de las lecturas que quiero compartir. Por eso, mis felicitaciones a Eduardo García, poeta admirado y seguido desde sus inicios. Y, cómo no, otro poema, "Física aplicada", de su flamante La vida nueva. Poema en el que puede verse, o mejor dicho, escucharse los ecos del gran César Vallejo ("Considerando en frío, imparcialmente...") que guía, de alguna manera, la estructura sintáctica del texto a través del uso del gerundio con verbos de "pensamiento" (considerar, suponer,...). En el caso de Eduardo García, este planteamiento también es un supuesto práctico, un problema de física aplicada. Disfrútenlos:
FÍSICA APLICADA
Suponiendo que un hombre, una mujer
parten de puntos divergentes, dispersos en un plano,
lugares que se ignoran entre sí,
y a la velocidad del entusiasmo
emprenden la aventura, se ponen en camino,
van por ahí remando en aguas turbias,
van por ahí escuchando el vasto germinar de las semillas,
al acecho, en sigilo, ahuecando la tierra a la esperanza,
suponiendo que trazan trayectorias de curso irregular,
cada cual a su amor, virando al viento,
quebradas trayectorias cuyo sentido puede
al mínimo temblor girar hacia el vacío,
suponiendo el afán, la búsqueda, la sed,
el ensueño del goce, la ilusión y la ausencia,
calculemos, a golpe de intuición,
cuántas veces tendrán las trayectorias
que cruzarse en el brillo de unos ojos,
unos labios que invitan, unas manos que asienten,
para incendiarse a un tiempo, hombre y mujer, sembrar la tierra
de llamas como ráfagas de lluvia.
Eduardo García: La vida nueva. Madrid, Visor, 2008.
CONSIDERANDO EN FRÍO, IMPARCIALMENTE...
Considerando en frío, imparcialmente,
que el hombre es triste, tose y, sin embargo,
se complace en su pecho colorado;
que lo único que hace es componerse
de días;que es lóbrego mamífero y se peina...
Considerando
que el hombre procede suavemente del trabajo
y repercute jefe, suena subordinado;
que el diagrama del tiempo
es constante diorama en sus medallas
y, a medio abrir, sus ojos estudiaron,
desde lejanos tiempos,su fórmula famélica de masa...
Comprendiendo sin esfuerzo
que el hombre se queda, a veces, pensando,
como queriendo llorar,
y, sujeto a tenderse como objeto,
se hace buen carpintero, suda, mata
y luego canta, almuerza, se abotona...
Considerando también
que el hombre es en verdad un animal
y, no obstante, al voltear, me da con su tristeza en la cabeza...
Examinando, en fin,
sus encontradas piezas, su retrete,
su desesperación, al terminar su día atroz, borrándolo...
Comprendiendo
que él sabe que le quiero,
que le odio con afecto y me es, en suma, indiferente...
Considerando sus documentos generales
y mirando con lentes aquel certificado
que prueba que nació muy pequeñito...
le hago una seña,
viene,
y le doy un abrazo, emocionado.
¡Qué más da! Emocionado... Emocionado...
César Vallejo: Poemas humanos (1939)
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RESEÑAS CRÍTICAS
lunes, 14 de julio de 2008
La vida nueva

La vida nueva es el último titulo del poeta Eduardo García, título dantesco que ya se anunciaba, de alguna manera, en su breve poemario anterior Refutación de la elegía, en el que Eduardo García parecía abrir una nueva vereda en su poesía, una apuesta hacia la vida y la alegría de vivir. Emociones mucho más difíciles de expresar a través de la reflexión poética, una reflexión que va más allá de la filosófica, pues se prefiere el camino de la intuición intelectual al de la sistematización terminológica. La exploración del lenguaje en el pensamiento y del pensamiento en el lenguaje es el eje que domina toda la obra del poeta. Es ahora cuando los límites de la realidad se expanden más allá de sí misma a través del símbolo, y donde los límites de la poesía son los impuestos por la misma realidad, pues de otro modo se caería en lo absurdo, en lo irracional, en la oscuridad de una poesía que se mira a sí misma sin decirse absolutamente nada. Por eso, la poesía de Eduardo García sí nos habla de frente y nos mira a los ojos como el espejo en el que nos miramos cada mañana. Y es por ello que selecciono este poema del libro que me ha gustado especialmente:
RITUAL DE LAS AGUAS
Si al lavarme las manos las desnudo
del rastro de mis pasos, si ya el agua
en ágil torbellino
va arrastrando la ciénaga adherida,
la polvareda, el vértigo, las máscaras,
si se descascarilla el tono sepia de los sueños,
va aflorando la luz, ya se abre paso
la brisa entre mis manos, ya despierta
bajo la piel el manantial,
la sangre vierte su latido errante
atravesando músculos, tendones,
devolviendo la carne a su alta cumbre,
su pálpito sin freno, sus turbios aletazos,
y al secarme las manos las despojo
del letargo y sus restos de cenizas,
las regreso a su vuelo de pájaro en la aurora
con sus dos alas blancas
inaugurando el día, acariciando
tanta vida ya a punto de brotar.
RITUAL DE LAS AGUAS
Si al lavarme las manos las desnudo
del rastro de mis pasos, si ya el agua
en ágil torbellino
va arrastrando la ciénaga adherida,
la polvareda, el vértigo, las máscaras,
si se descascarilla el tono sepia de los sueños,
va aflorando la luz, ya se abre paso
la brisa entre mis manos, ya despierta
bajo la piel el manantial,
la sangre vierte su latido errante
atravesando músculos, tendones,
devolviendo la carne a su alta cumbre,
su pálpito sin freno, sus turbios aletazos,
y al secarme las manos las despojo
del letargo y sus restos de cenizas,
las regreso a su vuelo de pájaro en la aurora
con sus dos alas blancas
inaugurando el día, acariciando
tanta vida ya a punto de brotar.
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