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lunes, 16 de septiembre de 2013

"En ocho años", un poema de Javier Das


Comparto aquí el videopoema realizado por la poeta Carmen Ramos (voz y vídeo) sobre el texto de un poema de Javier Das, un poeta magnífico que acabo de descubrir, una poesía valiente y emocionante como pocas.

El poema pertenece al libro No hay camino al paraíso (Ya lo dijo Casimiro Parker, Madrid, 2009), un volumen que se divide en dos poemarios: Le aplastaré con mis versos, de José Ángel Barrueco, y Sin frío en las manos, de Javier Das, al cual pertenece este poema:






EN OCHO AÑOS


En ocho años
he tenido cuatro parejas,
he vivido en tres lugares diferentes,
he tenido un accidente de tráfico,
he escrito cientos de poemas,
me he tatuado dos veces,
he asistido a clases de diseño gráfico,
he trabajado en DHL,
me he sacado el carnet de conducir,
me he cambiado varias veces de pendientes,
me he comprado un acordeón,
he conocido a poetas,
he cambiado de ciudad,
he visto las mejores películas de mi vida,
he viajado a Ámsterdam,
he viajado a Lisboa,
he hecho el amor por primera vez,
he llorado,
he celebrado ocho cumpleaños,
he tenido dos gatos,
me han regalado una bici,
he visto la mayor nevada que recuerdo sobre Madrid,
he conocido lo que es la depresión cara a cara,
he leído muchos libros,
he intentado aprender magia,
he perdido varios amigos,
he roto varios pares de zapatillas,
he aprendido a tocar el piano,

en ocho años
he intentado llevar a cabo
lo único que aprendí aquel día,
que la vida hay que vivirla cada hora,
cada día,
cada minuto,

en ocho años
no he podido compartir
nada de esto contigo,
y me da vértigo pensar
la lista que podré escribir
con todo el tiempo que me queda así.


Javier Das
Sin frío en las manos (2009)

domingo, 25 de agosto de 2013

Paperman o amor a primera vista

Os presento este magnífico corto de Disney, Paperman, seis minutos y medio maravillosos que me dejó anonadado esta mañana en el cine cuando acompañé a mi hija a ver Rompe Ralph. Lo comparto aquí y luego seguimos:



Este corto en blanco y negro me remitió a dos textos más. Uno de mi cosecha que forma parte de un libro que espero publicar el próximo año, un poema que dedico a dos amantes de la poesía de Szymborska y de su famoso poema "Amor a primera vista". En fin, para Fran Nuño y Carmen Ramos:


EL CIELO DE WISłAWA

Para Fran y Carmen


Imaginan que como antes no se conocían
no había sucedido nada entre ellos.

Wisława Szymborska



Supongamos ahora el mismo cielo,
que una anciana polaca nos emplace un destino
en el libro que se abre a la mitad
el mismo año en que muere
y en que todo parece deshacerse.

Supongamos que somos personajes
de esa historia y que nuestros ojos siguen
con entusiasmo –libres y expectantes–
aquel poema donde, sin conocernos,
los dos mundos coinciden porque sí
en un sutil detalle
                             –tal vez mientras regresas
en el tren extenuado o ya cuando reclino
el día en mi almohada–.
      El índice en la línea
sigue todos los pasos que hemos dado,
la posibilidad que hemos perdido.

Podríamos sentirnos mutuamente,
firmes en el propósito recíproco
de amarnos a primera vista, mientras
en el vacío izquierdo de la cama
leemos otra vez a Wisława Szymborska
como a nosotros mismos: Imaginan…

                                       
Daniel García Florindo (inédito)


El segundo texto al que me ha remitido el corto Paperman es el formidable tema de Radio Futura "El hombre de papel", perteneciente al mítico álbum La canción de Juan Perro. Recordémoslo después de casi treinta años:



EL HOMBRE DE PAPEL


Era un hombre de papel,
era un juguete del viento
que en el cielo de la ilusión
halló su propio infierno.

Y al llegar la madrugada laberinto de intensidad
en la esquina morada de la mano de soledad.

En su sonrisa yo existí
se anuncia un suave cataclismo
pero el mismo amor
abre un abismo entre los dos.

Yo cambiaría mi traición por compromiso
pero en el fondo del compromiso hay una traición mayor.
Nunca termina la guerra para los hijos del terror.
Voy guiado por otra voz.
Soy indígena de una tierra que nunca existió.

Era un hombre de papel,
era un juguete del viento
que en el cielo de la ilusión
halló su propio infierno.

Y al llegar la madrugada laberinto de intensidad
en la esquina morada de la mano de soledad.

Era un hombre de papel,
era un juguete del viento.


domingo, 10 de febrero de 2013

Yoko-sama (haikus)

Aula poemática se complace en presentar aquí esta selección de haikus escritos por Francisco Basallote, acompañados por la música de David Postigo y las acuarelas de Aurelio Gallego.





lunes, 12 de diciembre de 2011

La luz de Lisboa

La voz de este videopoema sobre "La luz de Lisboa", uno de los poemas de Cuadernos de Lisboa, es de Martín Lucía, coeditor de Ediciones En Huida. Es un entrañable regalo escuchar un texto propio a través de un amigo. Gracias.



LA LUZ DE LISBOA
A Rocío Hernández Triano

Era una luz distinta. Y era una luz de invierno
cuando llegó a tu rostro vespertino,
porque una luz más pura se inclinaba nocturna
bajo los aguaceros de Lisboa.

Recuerdo las palabras que no dije
como el rocío frío de tu nombre,
las que pude salvar en el silencio,
en el gesto inconcluso de los labios
las palabras que fueron a perderse
bajo los aguaceros de noviembre
y tu ropa mojada por la luna de Alfama.

Tal vez fue suficiente una ciudad
para decir que el mundo está siempre nublado
menos allí, amor, claro día de un sueño,
de nueva luz abierta en tu mirada
cuando los barcos llegan a buen puerto
y el corazón se alegra de estar vivo.

Siempre te esperaré en Cais do Sodré
porque también existen los regresos.

Porque también terminan los inviernos, amor,
en la ciudad más triste y más hermosa
donde reina un verdor de esmaltes óxidos
por la melancolía de sus calles. Recuerda,
eras un mirlo blanco entre tanta barbarie
 incrédula de tanto, tanto amor imposible
cuando nos despertamos en el barrio de Graça,
cuando el mundo aún recién hecho temblaba
y aún tiembla para siempre
en nuestro amanecer emocionado.

viernes, 9 de diciembre de 2011

La noche de los feos



Ambos somos feos. Ni siquiera vulgarmente feos. Ella tiene un pómulo hundido. Desde los ocho años, cuando le hicieron la operación. Mi asquerosa marca junto a la boca viene de una quemadura feroz, ocurrida a comienzos de mi adolescencia.
Tampoco puede decirse que tengamos ojos tiernos, esa suerte de faros de justificación por los que a veces los horribles consiguen arrimarse a la belleza. No, de ningún modo. Tanto los de ella como los míos son ojos de resentimiento, que sólo reflejan la poca o ninguna resignación con que enfrentamos nuestro infortunio. Quizá eso nos haya unido. Tal vez unido no sea la palabra más apropiada. Me refiero al odio implacable que cada uno de nosotros siente por su propio rostro.
Nos conocimos a la entrada del cine, haciendo cola para ver en la pantalla a dos hermosos cualesquiera. Allí fue donde por primera vez nos examinamos sin simpatía pero con oscura solidaridad; allí fue donde registramos, ya desde la primera ojeada, nuestras respectivas soledades. En la cola todos estaban de a dos, pero además eran auténticas parejas: esposos, novios, amantes, abuelitos, vaya uno a saber. Todos -de la mano o del brazo- tenían a alguien. Sólo ella y yo teníamos las manos sueltas y crispadas.
Nos miramos las respectivas fealdades con detenimiento, con insolencia, sin curiosidad. Recorrí la hendidura de su pómulo con la garantía de desparpajo que me otorgaba mi mejilla encogida. Ella no se sonrojó. Me gustó que fuera dura, que devolviera mi inspección con una ojeada minuciosa a la zona lisa, brillante, sin barba, de mi vieja quemadura.
Por fin entramos. Nos sentamos en filas distintas, pero contiguas. Ella no podía mirarme, pero yo, aun en la penumbra, podía distinguir su nuca de pelos rubios, su oreja fresca bien formada. Era la oreja de su lado normal.
Durante una hora y cuarenta minutos admiramos las respectivas bellezas del rudo héroe y la suave heroína. Por lo menos yo he sido siempre capaz de admirar lo lindo. Mi animadversión la reservo para mi rostro y a veces para Dios. También para el rostro de otros feos, de otros espantajos. Quizá debería sentir piedad, pero no puedo. La verdad es que son algo así como espejos. A veces me pregunto qué suerte habría corrido el mito si Narciso hubiera tenido un pómulo hundido, o el ácido le hubiera quemado la mejilla, o le faltara media nariz, o tuviera una costura en la frente.
La esperé a la salida. Caminé unos metros junto a ella, y luego le hablé. Cuando se detuvo y me miró, tuve la impresión de que vacilaba. La invité a que charláramos un rato en un café o una confitería. De pronto aceptó.
La confitería estaba llena, pero en ese momento se desocupó una mesa. A medida que pasábamos entre la gente, quedaban a nuestras espaldas las señas, los gestos de asombro. Mis antenas están particularmente adiestradas para captar esa curiosidad enfermiza, ese inconsciente sadismo de los que tienen un rostro corriente, milagrosamente simétrico. Pero esta vez ni siquiera era necesaria mi adiestrada intuición, ya que mis oídos alcanzaban para registrar murmullos, tosecitas, falsas carrasperas. Un rostro horrible y aislado tiene evidentemente su interés; pero dos fealdades juntas constituyen en sí mismas un espectáculos mayor, poco menos que coordinado; algo que se debe mirar en compañía, junto a uno (o una) de esos bien parecidos con quienes merece compartirse el mundo.
Nos sentamos, pedimos dos helados, y ella tuvo coraje (eso también me gustó) para sacar del bolso su espejito y arreglarse el pelo. Su lindo pelo.
"¿Qué está pensando?", pregunté.
Ella guardó el espejo y sonrió. El pozo de la mejilla cambió de forma.
"Un lugar común", dijo. "Tal para cual".
Hablamos largamente. A la hora y media hubo que pedir dos cafés para justificar la prolongada permanencia. De pronto me di cuenta de que tanto ella como yo estábamos hablando con una franqueza tan hiriente que amenazaba traspasar la sinceridad y convertirse en un casi equivalente de la hipocresía. Decidí tirarme a fondo.
"Usted se siente excluida del mundo, ¿verdad?"
"", dijo, todavía mirándome.
"Usted admira a los hermosos, a los normales. Usted quisiera tener un rostro tan equilibrado como esa muchachita que está a su derecha, a pesar de que usted es inteligente, y ella, a juzgar por su risa, irremisiblemente estúpida."
"."
Por primera vez no pudo sostener mi mirada.
"Yo también quisiera eso. Pero hay una posibilidad, ¿sabe?, de que usted y yo lleguemos a algo."
"¿Algo cómo qué?"
"Como querernos, caramba. O simplemente congeniar. Llámele como quiera, pero hay una posibilidad."
Ella frunció el ceño. No quería concebir esperanzas.
"Prométame no tomarme como un chiflado."
"Prometo."
"La posibilidad es meternos en la noche. En la noche íntegra. En lo oscuro total. ¿Me entiende?"
"No."
"¡Tiene que entenderme! Lo oscuro total. Donde usted no me vea, donde yo no la vea. Su cuerpo es lindo, ¿no lo sabía?"
Se sonrojó, y la hendidura de la mejilla se volvió súbitamente escarlata.
"Vivo solo, en un apartamento, y queda cerca."
Levantó la cabeza y ahora sí me miró preguntándome, averiguando sobre mí, tratando desesperadamente de llegar a un diagnóstico.
"Vamos", dijo.

2

No sólo apagué la luz sino que además corrí la doble cortina. A mi lado ella respiraba. Y no era una respiración afanosa. No quiso que la ayudara a desvestirse.
Yo no veía nada, nada. Pero igual pude darme cuenta de que ahora estaba inmóvil, a la espera. Estiré cautelosamente una mano, hasta hallar su pecho. Mi tacto me transmitió una versión estimulante, poderosa. Así vi su vientre, su sexo. Sus manos también me vieron.
En ese instante comprendí que debía arrancarme (y arrancarla) de aquella mentira que yo mismo había fabricado. O intentado fabricar. Fue como un relámpago. No éramos eso. No éramos eso.
Tuve que recurrir a todas mis reservas de coraje, pero lo hice. Mi mano ascendió lentamente hasta su rostro, encontró el surco de horror, y empezó una lenta, convincente y convencida caricia. En realidad mis dedos (al principio un poco temblorosos, luego progresivamente serenos) pasaron muchas veces sobre sus lágrimas.
Entonces, cuando yo menos lo esperaba, su mano también llegó a mi cara, y pasó y repasó el costurón y el pellejo liso, esa isla sin barba de mi marca siniestra.
Lloramos hasta el alba. Desgraciados, felices. Luego me levanté y descorrí la cortina doble. FIN



Mario Benedetti

martes, 6 de septiembre de 2011

Malos tiempos para la épica


MALOS TIEMPOS PARA LA ÉPICA from juanpejim on Vimeo.


MALOS TIEMPOS PARA LA ÉPICA

         Tirteo de Esparta amonesta nuestro tiempo.

Dónde aquellos fervores,
los altos ideales
y las nobles virtudes,
el genio, la energía,
la fuerza del espíritu
que empuñaba la espada.

El coraje y la audacia
han cedido su puesto
a los pactos cobardes,
a los blandos festines
y a las deslealtades,
a holgazanes y débiles
viviendo de sus lágrimas.

La Patria es un mercado
de ambiciones mezquinas,
y tan sólo os importan
los placeres y el lujo,
los juegos y las fiestas.
Y olvidáis que el dolor,
que hoy habéis convertido
en vergüenza y pecado,
fue el más sabio maestro
de nobleza y virtud.

Ya nunca seréis nada.
Ignoráis la fuerza
de la heroicidad.
Y el más alto destino
que os reservan los tiempos
será arrastrar la vida
con cansancio y desgana.


Juan Peña
Días cansados

lunes, 11 de julio de 2011

Sinergia

 

Grammar Girl, Chris Funkhouser & Amy Hufnagel, Trickhouse Parlour from noah saterstrom on Vimeo.

Grammar Girl de Chris Funkhouser y Amy Hufnagel es un video poema en el que se combinan versos leídos, textos escritos e imágenes. Con la utilización de elementos muy diversos (cepillos, brochas, aire soplado, etc.) se descubren o tapan ciertas palabras dotándolas de una importancia puntual que -como si se tratara de ondas que se interfieren entre ellas- realzan o minorizan significados. Se crea así una estructura sinérgica entre los diferentes elementos del poema. En inglés.

Entrada publicada por Félix Remírez en Biblumliteraria 

miércoles, 20 de abril de 2011

Nebraska, poema musicado por Alberto Guerrero




NEBRASKA




Neil Young


La de aquel año fue una buena cosecha. Trabajamos

duro el cereal, y construimos nuestra propia casa.


¿Recuerdas, Alabama, las canciones de Neil Young
cuando vivíamos en Nebraska? Las solíamos cantar en el cobertizo,
mientras el campo se mojaba con las primeras lluvias del porvenir.


Después nació Tommy. Sueña, sueña, déjame llenar tu copa
con la promesa de un hombre. Te prometí hectáreas, Alabama,
hectáreas de amor


con aquella lluvia, aquella cosecha,… en Nebraska.





Daniel García Florindo
Amanecer en Pennsylvania,
Cuadernos de Sandua, n.º 69, Córdoba, 2001



Poema musicado por Alberto Guerrero. Gracias, Alberto.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Videopoemas del libro VIENTO DE CUCHILLOS (Ediciones en Huida, Sevilla, 2010), de Rocío Hernández Triano

 
Presento aquí estos videos sobre poemas del primer poemario de Rocío Hernández Triano Viento de cuchillos (Ediciones en Huida, Sevilla, 2010), que se proyectaron en la presentación del mismo el día 25-11-2010 en la Sala Helvetia de Sevilla. Fueron realizados gracias a la generosidad de la magnífica fotógrafa Conchi Deza cuyas imágenes dialogan a la perfección con la poesía de Rocío. Yo tan sólo tuve que unirlas con la voz de Rocío y la música de Nightnoise. Espero que os gusten, pues, los siguientes videopoemas: "Es el amor un viento de cuchillos", "Es mi cuerpo sarmiento retorcido", "Como el vibrante rostro" y "Para tu angustia tengo..."







viernes, 16 de julio de 2010

Aves nocturnas




                                                                              Edward Hopper, 1942


Hay un refugio para las aves nocturnas
de la avenida Greenwich, un lugar
pintado en los años cuarenta para

encerrar en una jaula de cristal
la soledad de los pájaros
con sombreros de ala ancha,
al camarero y a la mujer de rojo
perdida en su inmensidad callada.

Una nostalgia de cine negro,
un tipo duro —y no es Sam Spade
ni Humphrey Bogart— la acompaña
en la barra muda de este restaurante.

La noche es larga —dirá la chica.

Se han tomado dos cafés, y han parado
el instante
sin saber que jamás ahuecarán el ala.

A estas horas, en esta inquietante noche
nos atrapa para siempre el color pardo,
el rojizo y el azul eléctrico,
la verdadera América,
aquí, en esta pecera humana,
en este cuadro.



                                 Daniel García Florindo
                                 Amanecer en Pennsylvania,
                                 Cuadernos de Sandua, n.º 69, Córdoba, 2001



 

jueves, 15 de julio de 2010

Epitafio





EPITAFIO

                  No me juzguéis con demasiada dureza.
                                                                   Brian JONES
No fui yo quien mordió el tiempo
para conocer el sabor de la memoria.
Sólo exprimí el limón de los días,
la acidez de un tiempo para cantar
esos estribillos con los chicos
y tener un cadáver bien parecido.


Ahora, que sigo muerto,
que sean las cuerdas de mi Gibson
la tumba donde mis dedos reposen,
porque es de metal la muerte alargada
y es mi canción la que suena en el infierno.

 
                                         Daniel García Florindo
                                         Amanecer en Pennsylvania,
                                         Cuadernos de Sandua, n.º 69, Córdoba, 2001

martes, 22 de junio de 2010

No me pidan razones (con José Saramago, in memóriam)


No me pidan razones




No me pidan razones, no las tengo
O daré cuantas quieran: bien sabemos
Que razones son palabras, todas nacen
De las mansas falsedades que aprendemos.

No me pidan razones para entender
La marea rebelde que llena el pecho.
Mal en este mundo, mal con esta ley:
No hice yo la ley ni el mundo acepto.

No me pidan razones, o que las disculpe,
De este modo de amar y destruir:
En la más oscura noche es donde amanece
El color de primavera, el porvenir.



                       José Saramago,
                       Los poemas posibles

lunes, 14 de junio de 2010

A un olmo seco

Tuve la oportunidad de participar como persona libro en el recital magnífico que ofreció Fran Nuño el día 24-05-2010, junto a otros amigos como Lola, Rosario (también persona libro) y músicos como M.ª Paz, Carolina, David o Juan Carlos. Lo pasamos muy bien. Gracias a todos por todo, a David también por los videos (de todo el espectáculo), y a Fran por sus actividades culturales que tanto nos alimenta, como este poema de Machado que tanto nos gusta, esa brizna de esperanza...


Recital Poesía en Sala ONCE 24-05-2010. Sevilla (parte 9) from David Postigo Rodriguez on Vimeo.