Mostrando entradas con la etiqueta poesía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta poesía. Mostrar todas las entradas

viernes, 2 de septiembre de 2011

DEFINICIONES DE POESÍA (lección 9 para un taller de poesía con Szymborska y otros muchos)


A ALGUNOS LES GUSTA LA POESÍA


A algunos,
es decir, no a todos.
Ni siquiera a los más, sino a los menos.
Sin contar las escuelas, donde es obligatoria,
y a los mismos poetas,
serán dos de cada mil personas.

Les gusta,
como también les gusta la sopa de fideos,
como les gustan los cumplidos y el color azul,
como les gusta la vieja bufanda,
como les gusta salirse con la suya,
como les gusta acariciar al perro.

La poesía,
pero qué es la poesía.
Más de una insegura respuesta
se ha dado a esta pregunta.
Y no sé, y sigo sin saber, y a esto me aferro
como a un oportuno pasamanos.


Wisława Szymborska
Fin y principio (1993)





viernes, 17 de junio de 2011

El tiempo escrito (reseña crítica de Tumbada cicatriz, primer poemario de Iván Onia)





Con Tumbada cicatriz (plaquette n.º 3 de la colección «La poesía que viene», Ediciones En Huida, Sevilla, 2011) el joven poeta Iván Onia nace a la escena poética. Se trata de un libro que ya desde su título nos anuncia el uso de potentes imágenes que circulará a lo largo de toda la obra. Tumbada cicatriz constituye una perfecta metáfora del fondo que contiene el poemario, la huella de una herida tras el tiempo susceptible de interpretarse desde el presente, desde la reflexión y la creación poética. Pero también el poema contendrá la posibilidad de proyectar el tiempo hacia el futuro (pensemos, por ejemplo, en los últimos poemas «Para que me sobrevivan mis libros» y «Poema para después» que certeramente cierran la estructura del libro proyectándolo paradójicamente sobre el tiempo que vendrá).

Por tanto, ya se aborda y se funden temas esenciales como el tiempo, lo elegíaco o la memoria con el pensamiento y sentimiento del poeta que crea y recrea un universo poético muy peculiar. Un universo por el que se desplaza un discurso íntimo, sin elevaciones de voz que la haga parecer falsa, sin destemplanzas, ejerciendo así una técnica sin alardes, procurando que la invisibilidad de esa técnica no sea menor que su eficacia. Sin duda, algo que se agradece y caracteriza una línea clara de la poesía de los últimos tiempos en las letras hispánicas, una línea que, sin duda, parte de don Antonio Machado (pues para él también la poesía es un diálogo del hombre con el tiempo; y también para él, como nos cuenta su heterónimo Juan de Mairena, la oración Los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa puede tener su correspondencia en lenguaje poético con esta otra oración: Lo que pasa en la calle). Precisamente «Lo que pasa» es el título del segundo poema de este cuaderno:

Lo que pasa es la ausencia de fronteras,
la incertidumbre unida a la certidumbre
de no saber apenas […]

Iván Onia consigue con este primer libro crear un mundo de símbolos cotidianos, de los cuales quizás el más característico sea el café por la polivalencia que le otorga el poeta: esa sustancia relacionada con el despertar, con la mañana, con la rutina que connota distintos matices según su lugar en el poema. En el primer poema titulado «Hoy me desperté», leemos, por ejemplo:

toda una suerte de imágenes que se repiten
desde el fondo vencido de la casa;
el tintineo de la cuchara en el café
o estas voces que se consumen sobre el presente.

En el poema «Verbena»:

o despertarse todas las mañanas
para beberse la sombra caliente
de un café como si fuese la propia.

En «Cafés de biblioteca» este símbolo se define de modo más evidente:

Los cafés de la biblioteca
son solubles, automáticos,
saben a rémora y asueto,
a urgencia, a charla, a beneplácito.
Tienen el espesor y el precio en paz,
son flemáticos o de un sorbo,
huelen siempre a palabra –pronunciada
                                                          o impresa–
se tornan en un chute necesario,
una excusa, un buche de aire
y un soplo de cafeína.
También son remordimientos, suspiros
de alivio o de utopía,
una droga, una esperancita
que nos espera a la hora en punto.
            […]

Así se ejemplifica su discurso poético no sólo en la forma que hemos comentado, sino también en el fondo que aborda la solidaridad del ser ante su destino, su futuro incierto, pero también la fortaleza para no caer, no rendirse a lo fatal que no es la muerte, sino esa superstición natural enemiga de la luz ilustrada de los libros:­

[…]
Así que el sagaz vidente que ve
o adivina el porvenir en
los posos fríos del café
debería estar aquí, buscar en
las papeleras y ponernos
a cada uno –pobres infelices–
un futuro a la medida.

Los libros pueden ser una referencia simbólica en metáforas como la que concluye el poema «Los flacos símbolos»:

Que fui un muchacho y te quise
sobre cada palabra que, ahora que no estamos,
tú rescatas igual que a un libro de las llamas.

O bien, los libros (de la biblioteca futura del poema «Para que me sobrevivan mis libros») son símbolos metapoéticos, los frutos de la creación literaria de Iván Onia. Nos referimos precisamente aquí al sentido metafórico que contiene el título de este cuaderno, a esa evocación constante del hecho poético como acto liberador que los libros conservan en sí mismos. Este motivo se asocia igualmente a otros símbolos, objetos cotidianos propios del escritor: la pluma, el lápiz y el cuaderno o el papel, lugar donde tiene lugar el teatro de operaciones, la lucha consigo mismo, con su propia creación (en «Poema con adversario» se concluye: Cerrar el cuaderno como se abren los puños).

Deja Iván Onia en su primer libro una serie de referencias intertextuales históricas, cinematográficas, poéticas que dibujan un marco perfecto para encajar sus inquietudes estéticas y reflexivas originadas por su educación sentimental («Noche en el Rick’s Café», «The Wallace Hartley Band»). El juego literario se enriquece con el guion de Casablanca, por ejemplo, en el primer aludido, junto a la ficcionalización del yo poético.

Sobresalen por su impacto poemas breves y sentenciosos iluminados por una potente imagen como en los poemas «Cartas» o «Diálogo», así como en «Madrugada de chicle y bagatelas», colección de ocho sentencias donde el lenguaje metafórico se muestra en su máximo esplendor. A modo de proverbios que coquetea con los del mencionado Machado o con la greguería de don Ramón encontramos composiciones tan brillantes como estas:

            […]
V
Sobre las camas de los hospitales
crecen las rosas con un beso en la frente.

VI
Cuando los dioses notan el metálico
sabor de las heridas, huyen hacia
el Olimpo sangrando mortalidad.

VII
Es cierto, mis pies huyen,
pero no reconocen el circulo.

VIII
Hasta mi pluma miente si pronuncio
-líquidas, negras- estas alambradas.


No cabe duda de la modernidad de esta poesía afín a una poética de la experiencia, una poesía que, no obstante, no trata de parecerse a nada, sino más bien huir de cualquier tendencia y buscar su propia voz, única y original hacia otra dirección órfica, incierta, recóndita y apasionante. 

viernes, 11 de junio de 2010

Me contaron que estabas enamorada de otro

Probablemente este famoso epigrama de Ernesto Cardenal además de ser un magnífico poema (de la experiencia) bien podría considerarse un perfecto microrrelato. Tan sólo lo separa una sutil frontera que es ese íntimo sentir que late en las palabras.



Me contaron que estabas enamorada de otro

y entonces me fui a mi cuarto

y escribí ese artículo contra el Gobierno

por el que estoy preso.



Ernesto Cardenal

Epigramas (1961)

jueves, 10 de junio de 2010

Variación sobre una advertencia memorable de Felipe Benítez Reyes


Creo recordar que corría el año 1996 cuando, entre un grupo de jóvenes poetas universitarios de Córdoba, un querido maestro me propició el encuentro con el escritor Felipe Benítez.

Fuera de las aulas, pasamos a tomar unas tapas en la famosa taberna de Plateros en el casco antiguo cordobés, y fue allí donde en plenas conversaciones sobre lo divino y lo humano, la literatura y la vida, Felipe recibió una magnífica noticia por teléfono, acababa de recibir el Premio Nacional de Poesía por su libro Vidas improbables.

Tengo aquel recuerdo muy presente por varios motivos, entre ellos, porque imprimí en el reverso de una pequeña cartulina (usada como invitación a unos de los recitales que solíamos organizar en los bares nocturnos de la ciudad, ya que no tenía papel mejor aquella tarde y se hacía tarde…) una variación sobre el que era ya un poema memorable, el más célebre del autor podría decir. Me refiero al poema “Advertencia” de su libro Los vanos mundos (1985).

Para mí fueron sus palabras sinceras de agradecimiento. Hoy, después de catorce años se me ocurre colocarlo en mi blog por varios motivos.

Primero, porque hoy sigo recitando el famoso poema como persona libro (del Proyecto Fahrenheit 451 del que tanta constancia queda en este blog).


Segundo, porque me parece algo muy didáctico para esta aula poemática como ejercicio de creación a partir de otro texto (no voy a entrar en disquisiciones intertextuales ni a nombrar al señor Genette ni a la señora Kristeva).

Tercero, porque me parece muy interesante apreciar cómo funcionan los poemas:

El poema de Benítez Reyes tiene dos aciertos principales: el fondo y la forma.


Sobre el fondo, trata una idea que parte de una variación del carpe diem horaciano o del cogito virgo rosas de Ausonio: la idea principal que reside en el último verso agradeciendo a quien te quiso el regalo fugaz de su hermosura. Pero, naturalmente, el poeta pone al lector que recibe su advertencia en lucha con las dos posturas posibles e irreconciliables ante la adversidad del dolor amoroso: el rencor y el perdón. La advertencia de Benítez Reyes pretende ofrecer el equilibrio interior, una ataraxía taoísta frente a ese huracán de la pasión y sufrimiento que supone esa ruptura amorosa que casi todo el mundo experimenta tarde o temprano. En fin, el fondo del poema está en esa dualidad extrema y desconcertante que se produce en el interior de la persona cuyo amor le abandona.

Sobre la forma, una característica propia del poeta roteño ha sido siempre un imponente sentido del ritmo y este poema es buena muestra de ello. A través de esa estructura oracional de subordinación condicional se articula el poema en sus dos partes. La segunda parte viene a ser una reiteración conclusiva de la primera (Así que cuando sufras —y lo harás—) que va in crescendo hasta el último verso ya comentado sobre la fugacidad de la vida y la importancia de saber aprovechar lo bueno que pueda tener, en este caso, ese regalo fugaz y hermoso que conlleva un amor aunque sea pasajero. Continúo con el ritmo que vemos está íntimamente relacionado con la estructura (paralelismo semántico de los versos que abren cada parte, por ejemplo, o bien, esa epífora genial en esos mismos versos que es —y lo harás— como fórmula encapsulada entre rayas explicativas que a modo de augurio condensa una potente fuerza rítmica que viene probablemente del mismo dolor, de la misma experiencia del emisor, el autor o el personaje de la voz poética).


Advertencia


Si alguna vez sufres —y lo harás—
por alguien que te amó y que te abandona,
no le guardes rencor ni le perdones:
deforma su memoria el rencoroso

y en amor el perdón es sólo una palabra

que no se aviene nunca a un sentimiento.
Soporta tu dolor en soledad,
porque el merecimiento aun de la adversidad mayor
está justificado si fuiste
desleal a tu conciencia, no apostando
sólo por el amor que te entregaba
su esplendor inocente, sus intocados mundos.

Así que cuando sufras —y lo harás—
por alguien que te amó, procura
acusarte a ti mismo de su olvido
porque fuiste cobarde o quizá fuiste ingrato.
Y aprende que la vida tiene un precio
que no puedes pagar continuamente.
Y aprende dignidad en tu derrota,
agradeciendo a quien te quiso
el regalo fugaz de su hermosura.


Felipe Benítez Reyes

Los vanos mundos



Tras el poema de Felipe Benítez Reyes, y las impresiones sobre el mismo ofrezco la otra cara del sentido del mensaje manteniendo su mismo sentido rítmico, pues es ahí donde la magia del poema responde aún hoy creo que al subconsciente de muchos lectores como yo, el de ayer que se atrevió a reescribirlo, y el de hoy que se atreve a mostrarlo a todos ustedes con todo el afecto y admiración al maestro.



Variación sobre una advertencia memorable de Felipe Benítez Reyes

Si alguna vez amas —y lo harás—
a alguien que te quiere y que te espera,
no le guardes sus caricias ni sus besos:
describe su cuerpo la blanca mano
y en amor un beso es siempre una acción
que no se aviene nunca a un fingimiento.
Disfruta tu amor en su compañía,
porque el merecimiento aun de la fortuna mayor
está justificado si eres
leal a tu corazón, apostando
ante todo por el amor que te entrega
su cuerpo desnudo, sus tocadas manos.

Así que cuando ames —y lo harás—
por alguien que te espera, procura siempre
buscarte a ti misma en su recuerdo
porque eres efímera o quizá eres para siempre.

Y aprende que la vida tiene un valor

que nadie podría entender jamás.
Y aprende también orgullo en tu victoria
agradeciendo a quien te quiere
el regalo perdurable de su amor.


Daniel García Florindo
(inédito)

martes, 18 de mayo de 2010

Nebraska






Buscar más canciones de Alberto Guerrero en Myspace Music






Para Rocío y Julia, que lo han hecho posible:







NEBRASKA








Neil Young








La de aquel año fue una buena cosecha. Trabajamos


duro el cereal, y construimos nuestra propia casa.



¿Recuerdas, Alabama, las canciones de Neil Young


cuando vivíamos en Nebraska? Las solíamos cantar en el cobertizo,


mientras el campo se mojaba con las primeras lluvias del porvenir.



Después nació Tommy. Sueña, sueña, déjame llenar tu copa


con la promesa de un hombre. Te prometí hectáreas, Alabama,


hectáreas de amor



con aquella lluvia, aquella cosecha, …en Nebraska.




Daniel García Florindo
Amanecer en Pennsylvania,
Cuadernos de Sandua, n.º 69, Córdoba, 2001





Poema musicado por Alberto Guerrero. Gracias, Alberto.














martes, 10 de noviembre de 2009

Señales de vida, de Juan Antonio González Romano



Señales de vida es el primer poemario de Juan Antonio González Romano. Con formas de la tradición popular como la soleá o la seguidilla el poeta conforma un poemario lleno de pensamientos, sentencias, juegos y emociones en torno a la vida, el amor y la muerte. Un libro, efectivamente, que con formas populares aborda temas trascendentales de manera sencilla y profunda. Se consigue así un efecto de clamor flamenco ante la fugacidad de la vida, pasando por estas composiciones tópicos clásicos continuamente referidos a los tres temas universales (amor, vida, muerte) como el carpe diem o el cotidie morimur.


El autor nos advierte en el poema liminar “Diálogo del autor con Antonio Machado” sobre el peligro de afanarse en la lenta perfección frente a la rapidez que exige el poco tiempo que tenemos. Se trata de una actitud vital, epicúrea, de consumir, saborear, exprimir los días de la mejor manera que se confirmará en las siguientes composiciones como la mejor forma de enfrentarse a la muerte, tema que me parece el más importante de los tres, donde se percibe estoica y dignamente, la mirada hacia lo fatal.


La primera parte, “De cadencias” comienza con un poema que confirma estas palabras introductorias:


Esta noche nos amamos

ajenos a nuestra suerte,

sin pensar en el mañana…

mañana será otra muerte.


Mención aparte merece el sonetillo “(Homenaje a Manuel Machado)”, un guiño intertextual con el famoso sonetillo “Verano” de don Manuel.


Continúa la siguiente parte “Sguidillas” en el mismo tono luminoso y corpóreo que el sonetillo.

En la parte titulada “Seguidillas (casi) intrascendentes” y en la última “Soleares”, el poeta continúa el juego intertextual con otros autores como Catulo, Berceo, Manuel Machado, Guillén o Neruda que permite una distancia justa para ironizar, desenfadarse con la vida a través de la poesía.


Estas últimas soleares son las que más me interesan por su intensidad contenida. Hay muchas que podríamos seleccionar, pero os dejaré con la que me parece que resume el quehacer del poeta o del filósofo que hay en cada ser humano:


Vivir: caminar a oscuras.

Porque al fin y al cabo el hombre

solo es dueño de sus dudas.


Se agradece estas Señales de vida en el panorama poético actual por atreverse a manifestar el espíritu popular en versos que condensan la profundidad individual del poeta. No en vano son su testimonio, sus Señales de vida.



sábado, 9 de mayo de 2009

Un poema de Eduardo García, PREMIO DE LA CRÍTICA 2009, y César Vallejo



Vuelvo a escribir en mi blog, tras bastante tiempo. El reciente premio a Eduardo García por su último libro, La vida nueva, me impulsa a ello. Precisamente, esta obra fue la primera con la que inicié este blog dedicado al comentario de libros de poesía. En realidad, se trata de las lecturas que quiero compartir. Por eso, mis felicitaciones a Eduardo García, poeta admirado y seguido desde sus inicios. Y, cómo no, otro poema, "Física aplicada", de su flamante La vida nueva. Poema en el que puede verse, o mejor dicho, escucharse los ecos del gran César Vallejo ("Considerando en frío, imparcialmente...") que guía, de alguna manera, la estructura sintáctica del texto a través del uso del gerundio con verbos de "pensamiento" (considerar, suponer,...). En el caso de Eduardo García, este planteamiento también es un supuesto práctico, un problema de física aplicada. Disfrútenlos:


FÍSICA APLICADA

Suponiendo que un hombre, una mujer
parten de puntos divergentes, dispersos en un plano,
lugares que se ignoran entre sí,
y a la velocidad del entusiasmo
emprenden la aventura, se ponen en camino,
van por ahí remando en aguas turbias,
van por ahí escuchando el vasto germinar de las semillas,
al acecho, en sigilo, ahuecando la tierra a la esperanza,
suponiendo que trazan trayectorias de curso irregular,
cada cual a su amor, virando al viento,
quebradas trayectorias cuyo sentido puede
al mínimo temblor girar hacia el vacío,
suponiendo el afán, la búsqueda, la sed,
el ensueño del goce, la ilusión y la ausencia,
calculemos, a golpe de intuición,
cuántas veces tendrán las trayectorias
que cruzarse en el brillo de unos ojos,
unos labios que invitan, unas manos que asienten,
para incendiarse a un tiempo, hombre y mujer, sembrar la tierra
de llamas como ráfagas de lluvia.


Eduardo García: La vida nueva. Madrid, Visor, 2008.

CONSIDERANDO EN FRÍO, IMPARCIALMENTE...

Considerando en frío, imparcialmente,
que el hombre es triste, tose y, sin embargo,
se complace en su pecho colorado;
que lo único que hace es componerse
de días;que es lóbrego mamífero y se peina...

Considerando
que el hombre procede suavemente del trabajo
y repercute jefe, suena subordinado;
que el diagrama del tiempo
es constante diorama en sus medallas
y, a medio abrir, sus ojos estudiaron,
desde lejanos tiempos,su fórmula famélica de masa...

Comprendiendo sin esfuerzo
que el hombre se queda, a veces, pensando,
como queriendo llorar,
y, sujeto a tenderse como objeto,
se hace buen carpintero, suda, mata
y luego canta, almuerza, se abotona...

Considerando también
que el hombre es en verdad un animal
y, no obstante, al voltear, me da con su tristeza en la cabeza...

Examinando, en fin,
sus encontradas piezas, su retrete,
su desesperación, al terminar su día atroz, borrándolo...

Comprendiendo
que él sabe que le quiero,
que le odio con afecto y me es, en suma, indiferente...

Considerando sus documentos generales
y mirando con lentes aquel certificado
que prueba que nació muy pequeñito...
le hago una seña,
viene,
y le doy un abrazo, emocionado.
¡Qué más da! Emocionado... Emocionado...

César Vallejo: Poemas humanos (1939)


jueves, 17 de julio de 2008

Hasta mañana


Este poemario le valió a su autor, Juan Manuel Romero, el IX Premio de Poesía “Emilio Prados”. De él selecciono el poema “Biopsia” para extraer algunas conclusiones generales sobre el libro:


BIOPSIA

Espero el resultado
y surge la palabra aceptación.

En ella hay algo lento,
que se mueve con fuerza
como savia que alcanza brotes altos.

En ella hay una luz que cuesta comprender,
lo mismo que en la ola que rompe contra el dique
y pese a ello vuelve.

Espero el resultado de la prueba
y pienso en la palabra aceptación
como un punto de apoyo
o de partida:
sin miedo al otro lado de mí mismo.



Impresiona este poema de entrada (y tras la clave del título). La voz poética nos sumerge en un momento grave y delicado ante la cual surge una palabra con la que se establece esa dialéctica entre lo que se dice (la palabra) y lo que se representa o significa (‘aceptar el hecho’), y naturalmente esa dialéctica es una lucha interior muy humana de superación. No sólo se toma distancia efectiva, sino que se gana en verdad, nos sumergimos en la contradicción del posible enfermo abocado a morir (sin miedo), a conocerse también al otro lado, si es preciso. Un poema difícil y certero que ahonda en el intelecto y en la sensibilidad, como este, nos convence para leer el resto del libro, sin duda alguna.

lunes, 14 de julio de 2008

La vida nueva


La vida nueva es el último titulo del poeta Eduardo García, título dantesco que ya se anunciaba, de alguna manera, en su breve poemario anterior Refutación de la elegía, en el que Eduardo García parecía abrir una nueva vereda en su poesía, una apuesta hacia la vida y la alegría de vivir. Emociones mucho más difíciles de expresar a través de la reflexión poética, una reflexión que va más allá de la filosófica, pues se prefiere el camino de la intuición intelectual al de la sistematización terminológica. La exploración del lenguaje en el pensamiento y del pensamiento en el lenguaje es el eje que domina toda la obra del poeta. Es ahora cuando los límites de la realidad se expanden más allá de sí misma a través del símbolo, y donde los límites de la poesía son los impuestos por la misma realidad, pues de otro modo se caería en lo absurdo, en lo irracional, en la oscuridad de una poesía que se mira a sí misma sin decirse absolutamente nada. Por eso, la poesía de Eduardo García sí nos habla de frente y nos mira a los ojos como el espejo en el que nos miramos cada mañana. Y es por ello que selecciono este poema del libro que me ha gustado especialmente:


RITUAL DE LAS AGUAS

Si al lavarme las manos las desnudo
del rastro de mis pasos, si ya el agua
en ágil torbellino
va arrastrando la ciénaga adherida,
la polvareda, el vértigo, las máscaras,
si se descascarilla el tono sepia de los sueños,
va aflorando la luz, ya se abre paso
la brisa entre mis manos, ya despierta
bajo la piel el manantial,
la sangre vierte su latido errante
atravesando músculos, tendones,
devolviendo la carne a su alta cumbre,
su pálpito sin freno, sus turbios aletazos,
y al secarme las manos las despojo
del letargo y sus restos de cenizas,
las regreso a su vuelo de pájaro en la aurora
con sus dos alas blancas
inaugurando el día, acariciando
tanta vida ya a punto de brotar.

domingo, 15 de junio de 2008

Inquietudes bárbaras



De nuevo, Luis García Montero nos obsequia con uno de sus libros de ensayo habituales sobre la reflexión de la poesía en nuestro mundo, aunque en esta ocasión lo hace desde una perspectiva más claramente política, de tal manera que se confunden en el mismo plano los términos poesía con política, poéticaética, porque todos responden a una función común: entender el mundo en la literatura (poesía) y entender el valor de la poesía en nuestro mundo.

Quien conozca la obra de García Montero verá que desde su Poesía, cuartel de invierno hasta Los dueños del vacío sigue manteniendo sus convicciones poéticas que podemos identificarlas con sus convicciones éticas, las cuales no son otras que las manifestadas en una poética-política digna o dignificada desde una esencia ilustrada. Desde esta perspectiva de la luz se sitúa Luis García Montero, desde esa inquietud que le hace escribir en un espacio público, el territorio del poema, un espacio que debe ser ejemplo de una mirada fraterna, compartida en un mundo en el que los intereses privados están por encima de la moral pública.

Por eso, más que nunca hoy es necesario libros como Inquietudes bárbaras, donde Luis García Montero pasa revista a la historia íntima de la poesía, como suele hacer, y reflexiona sobre su propia poesía, sobre la de sus maestros o sobre temas como la educación (una ética para ciudadanos), la república, la religión o las contradicciones del sistema y del individuo confinado en él.

Son reflexiones “bárbaras” porque desarticulan mentiras cómodas que sustentan injusticias vitales. Así, por ejemplo, al hablar de Cernuda se desprende esta reflexión filosófica sobre la creencia religiosa:

Para que existan los dioses parece obligado que los hombres no tengan muy buena opinión de sí mismos, que duden de sus intenciones y de su decencia, que sean proclives a sentirse pecadores. El individuo religioso se maltrata, alberga una pobre imagen de su autonomía moral, de su capacidad de resistencia ante las tentaciones, y necesita una totalidad en la que diluirse.


Porque son precisamente reflexiones como estas las que nos hacen sentir que es posible el hombre libre que se congratula en los demás al hacer el bien, en dar lo mejor de sí, sin esperar el cielo o el paraíso (que ansían, por ejemplo, los fanáticos o los terroristas de cualquier causa), el hombre libre que se acerca a la utopía, a la felicidad colectiva, a la lucha contra los engaños del poder mediático y corrupto, el hombre que tiende un puente entre la causa pública y el corazón privado, entre la convicción íntima y la necesidad pública; la escritura, en fin, es un lugar de encuentro, un espacio público en el espacio íntimo del poema.