viernes, 6 de diciembre de 2013

Las estrellas han hallado otra forma de morir


Carmen Ramos
Las estrellas han hallado otra forma de morir, Guadalturia, Sevilla, 2013


Cuando el universo interior de un o una poeta escapa de los límites del cuerpo, de la conciencia (o del alma, sin entrar en metafísicas) nace su poesía, o bien, su realidad se acoge a ella, a su mirada transformadora en palabras. Así es la poesía de Carmen Ramos, así su poesía la refleja. No me cabe duda de que cada poeta se retrata, a conciencia o no, en su poesía. Carmen Ramos lo hace desde una verdad que emociona, una verdad íntima que la escribe como solo grandes poetas de la talla de Cernuda, por ejemplo, pueden hacerlo.

Sin embargo, no se confundan. No hablo de una poética basada en una exhibición impúdica de los sentimientos, sino de una poesía ética y moral que no es ajena al mundo que la rodea, donde lo personal interactúa con lo público y viceversa, una poesía habitable, pues, para todos los que compartan, por ejemplo, el vacío de la pérdida del padre, tema vertebral del libro, figura convertida en el interlocutor imaginario de algunos de los poemas con más potencia elegíaca. En este sentido, sobrecoge el primer poema «Vino un tiempo oscuro» (Vino un tiempo oscuro después de ti.). En estos monólogos dramáticos la poeta hace balance y da noticia al ser querido de su vida y del mundo tras los años, el tiempo oscuro sin su presencia. Esta magia —nos informa la poeta en las palabras introductorias— ya la había descubierto como lectora en un magnífico poema de Javier Das (prologuista del libro) titulado «En ocho años».

Leamos, como ejemplo, el segundo poema de Las estrellas han hallado otra forma de morir:

Yo he visto cómo se derrumba un edificio

Yo he visto cómo se derrumba un edificio
por el que sobrevoló tantas veces Superman.
Y cómo los políticos lloraban al ver desteñirse las banderas
y cómo los números en las pantallas afilaban el miedo
y cómo el mar se ha coronado de cemento
y cómo la piel se colorea y el odio se reinventa.

Por lo demás todo sigue más o menos igual:
Venecia se hunde,
hay hambre en África,
mandan los de siempre.

Sirva este poema como modelo de una poética que combina la contención emocional (palabras dirigidas al padre) y el compromiso crítico embargado en un escepticismo que se asume en un tiempo oscuro sin Superman. Así, el espacio de la poesía de Carmen Ramos es una casa donde puede habitar la elegía con poemas brillantes como el siguiente:

Cómo borrar

Porque nunca se borrará el dolor de nuestros ojos,
por mucho tiempo que pase.

Porque por mucho que el Sol nos abrase
harán falta millones de milenios
para que los océanos se evaporen.


Como vemos, se trata de un poema, una imagen cósmica en conexión con la naturaleza del título del propio libro. 


Pero también la casa poética de Carmen Ramos tiene grandes ventanales por los que se cuela la luz (un lenguaje que busca la sencillez para establecer una poesía figurativa, de línea clara: «Autopista hacia el cielo») y por donde se aprecia una buena panorámica del mundo (ahora la imagen estelar de la obra adquiere una dimensión histórica y social con poemas críticos y reflexivos como el epistolar «Querida Lynndie England» o «Algunas cuestiones importantes»). Claramente, estamos ante una voz que concilia una mirada lúcida, pacífica, irónica, crítica, que entraña una doble elegía: personal y pública, una voz que no es indiferente a la oscuridad del mundo, una voz que denuncia esa indiferencia con un lenguaje propio indiscutible y actual:

(Salva)pantallas

Demuéstrame que existen
bellos paisajes lunares
desiertos como lechos
lluvias de estrellas
como las que me muestras
sobre las pantallas
en que trazamos ocho (o diez)
horas de vida.

Te empeñas en mostrarnos
niños famélicos
guerras espectaculares
falsos inocentes
a la hora de comer
(o antes de dormir)

Nos aborregan en la desgracia,
nos acostumbramos a la indiferencia.

¿(Sobre)vivimos?



Significativamente, el título del libro Las estrellas han hallado otra forma de morir responde al titular una noticia científica y real (como la vida misma). Solo la selección de esas palabras y su trasvase al título de un poema o de un libro nos aclara ya algo de la poética de Carmen Ramos. Efectivamente, saber ver, sentir y expresar una realidad y una sentimentalidad nunca es fácil, aunque se trate de transmitirla con aparente sencillez, consiste también en saber descubrir la poesía en un titular de prensa, algo tan aparentemente cotidiano. Un titular que trasciende no solo por su belleza, sino porque la poeta, al reproducir estas palabras (Las estrellas han hallado otra forma de morir), sobre todo, está vivificando la figura del ser querido, pues en su monólogo ideal imagina que él escucha su voz interior, su lectura periódica, su vida presente.