domingo, 7 de febrero de 2010

Personas libro en Córdoba











































Ayer, sábado, 6 de febrero de 2010, tuve la oportunidad de participar como persona libro con la asociación Farenheit 451, que se dedica a una misión aparentemente imposible. Se dedica a hacer posible lo imposible, a hacer posible que los textos se conviertan en organismos vivos, tal y como enunció Ray Bradbury en su novela homónima, Farenheit 451. Tal y como el gran cineasta François Truffaut nos enseñó en su emocionante película tan de la nueva ola francesa. Siempre me impresionó esa película, especialmente la última escena cuando el protagonista consigue llegar al bosque donde se refugian las personas libro y cada uno de ellos se presentan con el título del libro que ha memorizado. Maravillosa reflexión sobre el ser humano, capaz de la peor atrocidad y también de superarse en esa maravillosa utopía de una comunidad que sabe que perservando la palabra, perserva también la supervivencia de sí mismo. Esa conciencia sigue siendo hoy revolucionaria, sigue siendo un desafío.

Espectacular fue el viaje en el Andalucía Express desde Sevilla, con todo tipo de abastecimiento: chocolate, café, bizcochos, roscos... Ay, Ana, ese anís también. Como una gran familia que va de picnic, nosotros íbamos a narrar de memoria, con el corazón palabras, palabras...

Llegamos al centro cívico de la Corredera, sobre la plaza de abastos. Arreglamos aquello y adelante, llegaron los treinta alumnos del Góngora con su candidez acompañados de su profesora orgullosa de ellos y por qué no de sí misma y su trabajo, pues creo que alucinaron con Antonio, Carmen, el amigo pianista que les recitó en árabe y, cómo no, con nuestro Paco y José Luis, nuestro Quijote que les narraron como al pie de una chimenea de calor humano.

Después salimos hambrientos al sol de la Corredera a comer un bocata de tortilla como si fumáramos la pipa de la paz. Y partimos a la ribera para continuar nuestra misión de personas libro recitando en la vía pública.

Me llamó la atención que cuando nuestro grupo espontáneamente llegó a la ribera del río y expusieron sus narraciones, ningún viandante se parara a curiosear, a preguntar qué es esto, qué estáis haciendo, penosa actitud, sin duda... y reconocida por mí lamentablemente que soy de aquella tierra donde la muerte te mira desde sus torres. Me emocioné al oír a Antonio narrar "Palabras para Julia", inevitablemente.

El viaje de ayer a Córdoba con las personas libro fue mucho mejor de lo que me imaginaba, tenía tantas ganas de volver y pasear por sus calles. Esta vez muy bien acompañado además con mi compañera, esposa, amiga, amante, querida, madre de mi hija... con la que tanto disfruto escuchándola hablar, cantar, recitar, ya sea "Hombre preso mirando a su hijo", ya sea L
azarillo de Tormes, algún poema de Félix Grande o Fernando Beltrán, o algún fragmento de La balada del café triste, de Carson Mc Cullers, qué sé yo...

Ayer fue un día bien vivido, en buena compañía. Un día de calma, un día pacífico.

3 comentarios:

panturria dijo...

Gracias Dani, por tu compañía, por tus comentarios, por "prestarnos" a Rocío, su voz, su sabíduría, de vez en cuando. Nunca olvidaremos esa vuelta en el tren en la que descubrimos / nos descubriteis como empezó todo.
Un abrazo (naranja por supuesto)

Daniel G. F. dijo...

Gracias a ti, Carmen, y a todos. Esa vuelta se merece otra entrada, pero me paré en el punto. A mí también me quedará ese recuerdo donde narramos cómo empezó todo. Un abrazote de los naranjas, y de los otros.

ESPERANZA.G. dijo...

¡Qué crónica tan bonita has escrito! Es una suerte poder compartir este grupo con personas como tú.