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viernes, 17 de junio de 2011

El tiempo escrito (reseña crítica de Tumbada cicatriz, primer poemario de Iván Onia)





Con Tumbada cicatriz (plaquette n.º 3 de la colección «La poesía que viene», Ediciones En Huida, Sevilla, 2011) el joven poeta Iván Onia nace a la escena poética. Se trata de un libro que ya desde su título nos anuncia el uso de potentes imágenes que circulará a lo largo de toda la obra. Tumbada cicatriz constituye una perfecta metáfora del fondo que contiene el poemario, la huella de una herida tras el tiempo susceptible de interpretarse desde el presente, desde la reflexión y la creación poética. Pero también el poema contendrá la posibilidad de proyectar el tiempo hacia el futuro (pensemos, por ejemplo, en los últimos poemas «Para que me sobrevivan mis libros» y «Poema para después» que certeramente cierran la estructura del libro proyectándolo paradójicamente sobre el tiempo que vendrá).

Por tanto, ya se aborda y se funden temas esenciales como el tiempo, lo elegíaco o la memoria con el pensamiento y sentimiento del poeta que crea y recrea un universo poético muy peculiar. Un universo por el que se desplaza un discurso íntimo, sin elevaciones de voz que la haga parecer falsa, sin destemplanzas, ejerciendo así una técnica sin alardes, procurando que la invisibilidad de esa técnica no sea menor que su eficacia. Sin duda, algo que se agradece y caracteriza una línea clara de la poesía de los últimos tiempos en las letras hispánicas, una línea que, sin duda, parte de don Antonio Machado (pues para él también la poesía es un diálogo del hombre con el tiempo; y también para él, como nos cuenta su heterónimo Juan de Mairena, la oración Los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa puede tener su correspondencia en lenguaje poético con esta otra oración: Lo que pasa en la calle). Precisamente «Lo que pasa» es el título del segundo poema de este cuaderno:

Lo que pasa es la ausencia de fronteras,
la incertidumbre unida a la certidumbre
de no saber apenas […]

Iván Onia consigue con este primer libro crear un mundo de símbolos cotidianos, de los cuales quizás el más característico sea el café por la polivalencia que le otorga el poeta: esa sustancia relacionada con el despertar, con la mañana, con la rutina que connota distintos matices según su lugar en el poema. En el primer poema titulado «Hoy me desperté», leemos, por ejemplo:

toda una suerte de imágenes que se repiten
desde el fondo vencido de la casa;
el tintineo de la cuchara en el café
o estas voces que se consumen sobre el presente.

En el poema «Verbena»:

o despertarse todas las mañanas
para beberse la sombra caliente
de un café como si fuese la propia.

En «Cafés de biblioteca» este símbolo se define de modo más evidente:

Los cafés de la biblioteca
son solubles, automáticos,
saben a rémora y asueto,
a urgencia, a charla, a beneplácito.
Tienen el espesor y el precio en paz,
son flemáticos o de un sorbo,
huelen siempre a palabra –pronunciada
                                                          o impresa–
se tornan en un chute necesario,
una excusa, un buche de aire
y un soplo de cafeína.
También son remordimientos, suspiros
de alivio o de utopía,
una droga, una esperancita
que nos espera a la hora en punto.
            […]

Así se ejemplifica su discurso poético no sólo en la forma que hemos comentado, sino también en el fondo que aborda la solidaridad del ser ante su destino, su futuro incierto, pero también la fortaleza para no caer, no rendirse a lo fatal que no es la muerte, sino esa superstición natural enemiga de la luz ilustrada de los libros:­

[…]
Así que el sagaz vidente que ve
o adivina el porvenir en
los posos fríos del café
debería estar aquí, buscar en
las papeleras y ponernos
a cada uno –pobres infelices–
un futuro a la medida.

Los libros pueden ser una referencia simbólica en metáforas como la que concluye el poema «Los flacos símbolos»:

Que fui un muchacho y te quise
sobre cada palabra que, ahora que no estamos,
tú rescatas igual que a un libro de las llamas.

O bien, los libros (de la biblioteca futura del poema «Para que me sobrevivan mis libros») son símbolos metapoéticos, los frutos de la creación literaria de Iván Onia. Nos referimos precisamente aquí al sentido metafórico que contiene el título de este cuaderno, a esa evocación constante del hecho poético como acto liberador que los libros conservan en sí mismos. Este motivo se asocia igualmente a otros símbolos, objetos cotidianos propios del escritor: la pluma, el lápiz y el cuaderno o el papel, lugar donde tiene lugar el teatro de operaciones, la lucha consigo mismo, con su propia creación (en «Poema con adversario» se concluye: Cerrar el cuaderno como se abren los puños).

Deja Iván Onia en su primer libro una serie de referencias intertextuales históricas, cinematográficas, poéticas que dibujan un marco perfecto para encajar sus inquietudes estéticas y reflexivas originadas por su educación sentimental («Noche en el Rick’s Café», «The Wallace Hartley Band»). El juego literario se enriquece con el guion de Casablanca, por ejemplo, en el primer aludido, junto a la ficcionalización del yo poético.

Sobresalen por su impacto poemas breves y sentenciosos iluminados por una potente imagen como en los poemas «Cartas» o «Diálogo», así como en «Madrugada de chicle y bagatelas», colección de ocho sentencias donde el lenguaje metafórico se muestra en su máximo esplendor. A modo de proverbios que coquetea con los del mencionado Machado o con la greguería de don Ramón encontramos composiciones tan brillantes como estas:

            […]
V
Sobre las camas de los hospitales
crecen las rosas con un beso en la frente.

VI
Cuando los dioses notan el metálico
sabor de las heridas, huyen hacia
el Olimpo sangrando mortalidad.

VII
Es cierto, mis pies huyen,
pero no reconocen el circulo.

VIII
Hasta mi pluma miente si pronuncio
-líquidas, negras- estas alambradas.


No cabe duda de la modernidad de esta poesía afín a una poética de la experiencia, una poesía que, no obstante, no trata de parecerse a nada, sino más bien huir de cualquier tendencia y buscar su propia voz, única y original hacia otra dirección órfica, incierta, recóndita y apasionante. 

martes, 1 de febrero de 2011

En persona: Rocío Hernández Triano

Palabras de la escritora Rocío Hernández Triano en el Diario de Sevilla. Por otra parte, he aquí la primera reseña de su primer libro Viento de cuchillos realizada por el crítico Francisco Basallote.

domingo, 13 de junio de 2010

Mejorando lo presente. Poesía española última: posmodernidad, humanismo y redes



Mejorando lo presente. Poesía española última: posmodernidad, humanismo y redes, de Martín Rodríguez-Gaona es probablemente el ensayo sobre poesía española actual más interesante que cualquier editorial pudiera ofrecer por varios motivos. Reflexiona y aclara el contexto de la nueva poesía española actualizando el estado de una cuestión fundamental para abordar dicho estudio. Me refiero al concepto de posmodernidad. Se trata además de una obra muy útil para acercarse al universo humanista a través de Internet, cuyo uso es fundamental para comprender los nuevos modos de difusión del arte poético.
Rodríguez-Gaona estructura su obra en tres capítulos tras una introducción (La poesía española reciente frente a los desafíos de una nueva era).
En el primer capítulo aborda temas como la nueva sensibilidad de la poesía relacionado directamente con la transformación demográfica, la pluralidad y la aparición de otras escrituras posmodernas con todo lo que conlleva social, políticamente, etc. En fin, asuntos como el mercado, la Nueva Ciencia, lo pop y otras indentidades posmodernas. Asimismo realiza una crónica casi objetiva de la última poesía en España de donde se desprende toda una clasificación de estilos de diversa índole.
El segundo capítulo lo dedica Martín Rodríguez-Gaona a una serie de reseñas sobre libros de poesía española actual claves que sustenta el marco teórico y reflexivo de la primera parte. Así, encontramos libros fundamentales como Las afueras, de Pablo García Casado, Ley de vida, de David González, así hasta un total de diecinueve libros que sustentan y refuerzan las tesis del autor.
Por último, el capítulo tercero aborda los nuevos medios tecnológicos en relación con la divulgación artística y poética. Sus cuestiones invitan a la reflexión de modo eficiente e ilustra lúcidamente la nueva situación y hacia dónde se dirige un nuevo humanismo imposible de pensarse sin tener en cuenta las nuevas comunidades lectoras en la sociedad postindustrial y en la nueva comunidad virtual.
Magnífica lectura para quien le interese la poesía actual. Ayuda a comprender sus entresijos extraliterarios que hacen precisamente que esta nueva poesía nazca como tal, mejorando lo presente, según la frase hecha del título que sintetiza plurisignificativamente varias ideas: la desvinculación de una poesía que se niega a seguir patrones obsoletos o de seguir una tradición perpetuamente sin cuestionarla, ni siquiera para jugar con ella, ni mucho menos para subvertirla.