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| En las eras. Escober (Zamora, 1988), foto de la muestra España oculta. / CRISTINA GARCÍA RODERO (MAGNUM) |
lunes, 8 de agosto de 2011
Isabel Pérez Montalbán o la nueva poesía social
lunes, 18 de julio de 2011
viernes, 17 de junio de 2011
El tiempo escrito (reseña crítica de Tumbada cicatriz, primer poemario de Iván Onia)
sábado, 26 de marzo de 2011
Presentación de CUADERNOS DE LISBOA
sábado, 25 de diciembre de 2010
Equilibristas (Ultramariana Cartonera & Digital, Sevilla, 2010), segundo libro de Rocío Hernández Triano
La editorial Ultramarina Cartonera & Digital es una de las apuestas editoriales independientes más originales del territorio, pues hablamos de la primera editorial cartonera en España, y la primera de esta categoría que difunde sus propios libros igualmente en formatos digitales. Surgida a principios de 2010, la editorial Ultramarina publica la obra de poetas de diversas latitudes y edades, autores que presentan obras de interés poético amplio, rotundo y abierto. En el proyecto se involucran artistas plásticos junto a diseñadores informáticos. De este modo se reconcilian dos mundos o dos galaxias (Gutenberg y Digital) de la edición: el libro artesano / cartonero (versión impresa con pretensión de libro de artista) y el libro digital (en dos formatos distintos con descarga gratuita o con pago, según se elija).
jueves, 10 de junio de 2010
Variación sobre una advertencia memorable de Felipe Benítez Reyes

Fuera de las aulas, pasamos a tomar unas tapas en la famosa taberna de Plateros en el casco antiguo cordobés, y fue allí donde en plenas conversaciones sobre lo divino y lo humano, la literatura y la vida, Felipe recibió una magnífica noticia por teléfono, acababa de recibir el Premio Nacional de Poesía por su libro Vidas improbables.
Tengo aquel recuerdo muy presente por varios motivos, entre ellos, porque imprimí en el reverso de una pequeña cartulina (usada como invitación a unos de los recitales que solíamos organizar en los bares nocturnos de la ciudad, ya que no tenía papel mejor aquella tarde y se hacía tarde…) una variación sobre el que era ya un poema memorable, el más célebre del autor podría decir. Me refiero al poema “Advertencia” de su libro Los vanos mundos (1985).
Para mí fueron sus palabras sinceras de agradecimiento. Hoy, después de catorce años se me ocurre colocarlo en mi blog por varios motivos.
Primero, porque hoy sigo recitando el famoso poema como persona libro (del Proyecto Fahrenheit 451 del que tanta constancia queda en este blog).
Segundo, porque me parece algo muy didáctico para esta aula poemática como ejercicio de creación a partir de otro texto (no voy a entrar en disquisiciones intertextuales ni a nombrar al señor Genette ni a la señora Kristeva).
Tercero, porque me parece muy interesante apreciar cómo funcionan los poemas:
El poema de Benítez Reyes tiene dos aciertos principales: el fondo y la forma.
Sobre el fondo, trata una idea que parte de una variación del carpe diem horaciano o del cogito virgo rosas de Ausonio: la idea principal que reside en el último verso agradeciendo a quien te quiso el regalo fugaz de su hermosura. Pero, naturalmente, el poeta pone al lector que recibe su advertencia en lucha con las dos posturas posibles e irreconciliables ante la adversidad del dolor amoroso: el rencor y el perdón. La advertencia de Benítez Reyes pretende ofrecer el equilibrio interior, una ataraxía taoísta frente a ese huracán de la pasión y sufrimiento que supone esa ruptura amorosa que casi todo el mundo experimenta tarde o temprano. En fin, el fondo del poema está en esa dualidad extrema y desconcertante que se produce en el interior de la persona cuyo amor le abandona.
Sobre la forma, una característica propia del poeta roteño ha sido siempre un imponente sentido del ritmo y este poema es buena muestra de ello. A través de esa estructura oracional de subordinación condicional se articula el poema en sus dos partes. La segunda parte viene a ser una reiteración conclusiva de la primera (Así que cuando sufras —y lo harás—) que va in crescendo hasta el último verso ya comentado sobre la fugacidad de la vida y la importancia de saber aprovechar lo bueno que pueda tener, en este caso, ese regalo fugaz y hermoso que conlleva un amor aunque sea pasajero. Continúo con el ritmo que vemos está íntimamente relacionado con la estructura (paralelismo semántico de los versos que abren cada parte, por ejemplo, o bien, esa epífora genial en esos mismos versos que es —y lo harás— como fórmula encapsulada entre rayas explicativas que a modo de augurio condensa una potente fuerza rítmica que viene probablemente del mismo dolor, de la misma experiencia del emisor, el autor o el personaje de la voz poética).
Advertencia
Si alguna vez sufres —y lo harás—
por alguien que te amó y que te abandona,
no le guardes rencor ni le perdones:
deforma su memoria el rencoroso
y en amor el perdón es sólo una palabra
que no se aviene nunca a un sentimiento.Soporta tu dolor en soledad,
porque el merecimiento aun de la adversidad mayor
está justificado si fuiste
desleal a tu conciencia, no apostando
sólo por el amor que te entregaba
su esplendor inocente, sus intocados mundos.
Así que cuando sufras —y lo harás—
por alguien que te amó, procura
acusarte a ti mismo de su olvido
porque fuiste cobarde o quizá fuiste ingrato.
Y aprende que la vida tiene un precio
agradeciendo a quien te quiso
el regalo fugaz de su hermosura.
Felipe Benítez Reyes
Los vanos mundos
Tras el poema de Felipe Benítez Reyes, y las impresiones sobre el mismo ofrezco la otra cara del sentido del mensaje manteniendo su mismo sentido rítmico, pues es ahí donde la magia del poema responde aún hoy creo que al subconsciente de muchos lectores como yo, el de ayer que se atrevió a reescribirlo, y el de hoy que se atreve a mostrarlo a todos ustedes con todo el afecto y admiración al maestro.
Variación sobre una advertencia memorable de Felipe Benítez Reyes
Si alguna vez amas —y lo harás—
a alguien que te quiere y que te espera,
no le guardes sus caricias ni sus besos:
describe su cuerpo la blanca mano
y en amor un beso es siempre una acción
que no se aviene nunca a un fingimiento.
Disfruta tu amor en su compañía,
porque el merecimiento aun de la fortuna mayor
está justificado si eres
leal a tu corazón, apostando
ante todo por el amor que te entrega
su cuerpo desnudo, sus tocadas manos.
Así que cuando ames —y lo harás—
por alguien que te espera, procura siempre
buscarte a ti misma en su recuerdo
porque eres efímera o quizá eres para siempre.
Y aprende que la vida tiene un valor
que nadie podría entender jamás.Y aprende también orgullo en tu victoria
agradeciendo a quien te quiere
el regalo perdurable de su amor.
Daniel García Florindo
lunes, 7 de diciembre de 2009
La casa roja de Mestre, dos caballos muertos... y mis personas libro
La casa roja, de Juan Carlos Mestre es el libro galardonado con el Premio Nacional de Poesía 2009, donde los versículos a veces se amplían hasta convertirse en una prosa poética intensa a base de imágenes que se agrupan y se atropellan con ritmo de salmodia. Este ritmo impregna al texto de algo sagrado, hace de los poemas conjuros que apelan a la intuición del lector. Es mejor dejarse llevar que pararse a cada instante en la profundidad de tanta riqueza imaginaria, o bien, es recomendable releer a veces algunos poemas que recobran así una nueva capa de intelecto y emoción. No se trata de surrealismo, sino de una difícil apuesta creativa que no divaga por las nubes, sino que tiene los pies en la tierra lo que le hace ser pesimista en la caída del vuelo solidario que persigue. Esa triste utopía por ser utopía es la que se canta con la solidaridad de una casa abierta, ideológicamente roja. Una casa donde habitan las palabras, la poesía, la luz, las ideas, los ideales… Nada nuevo en la alta poesía de Mestre, aunque podríamos añadir a su sentido crítico cierta ironía sutil y aguda que no encontramos en los anteriores La tumba de Keats o La poesía ha caído en desgracia.
Al leer el segundo poema del libro entendí que las estrellas son para quien las trabaja. Se trata de un poema mágico, de los que deja huella y quisiera uno haber escrito, o bien, aprendérselo de memoria. Me refiero al poema “Cavalo morto”, título también de otro poema del brasileño Lèdo Ivo que expongo a continuación:
CAVALO MORTO
En Cavalo Morto las muchachas acostumbran a pasear con los soldados. Y después a amar. Surge entonces un despropósito: ellas, tras el amor, bordan en las nubes, con un alfabeto azul y blanco, los nombres de sus pretendientes: José, Antonio, Manuel, Juan.
Las muchachas vuelven más jóvenes de esos amores en el matorral. Vuelven intrépidas, excitadas por el brebaje de la luna. Y para ellas no hay exigencias, cobardías, acontecimientos. Hay los soldados del batallón.
En agosto, enero y aún en septiembre, las muchachas aman en Cavalo Morto. Pasan abrazadas a sus amantes y dejan en la arena del camino alguna cosa, espuma o gasa. Los soldados no saben hacer sonetos, pero ¡cómo aman!
Por la noche Cavalo Morto nunca está despoblado. Y si usted para un día y oye voces y risas y jadeos amorosos, no se asuste con miedo fantasmal. Son las muchachas amando a los soldados en Cavalo Morto.
Perfecto ejemplo donde el ritmo amplio y solemne del salmo se construye sobre un uso retórico —perdón, mágico— de la anáfora y la concatenación. Podríamos hablar aquí de intertextualidad, pero yo preferiría un nuevo concepto que aún no existe en la crítica literaria, o al menos no conozco. Me atrevo a sugerir no una interrelación de los textos, sino de su esencia lírica. En fin, se trata de una construcción lírica a partir de otra, un potente artilugio poemático. Aquí lo tienen:
CAVALO MORTO
Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lèdo Ivo. Un poema de Lèdo Ivo es una luciérnaga que busca una moneda perdida. Cada moneda perdida es una golondrina de espaldas posada sobre la luz de un pararrayos. Dentro de un pararrayos hay un bullicio de abejas prehistóricas alrededor de una sandía. En Cavalo Morto las sandías son mujeres semidormidas que tienen en medio del corazón el ruido de un manojo de llaves.
Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lèdo Ivo. Lèdo Ivo es un hombre viejo que vive en Brasil y sale en las antologías con cara de loco. En Cavalo Morto los locos tienen alas de mosca y vuelven a guardar en su caja las cerillas quemadas como si fuesen palabras rozadas por el resplandor de otro mundo. Otro mundo es el fondo de un vaso, un lugar donde lo recto tiene forma de herradura y hay una sola tarde forrada con tela de gabardina.
Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lèdo Ivo. Un lugar que existe en un poema de Lèdo Ivo es un río que madruga para ir a fabricar el agua de las lágrimas, pequeñas mentiras de lluvia heridas por una púa de acacia. En Cavalo Morto los aviones atan con cintas de vapor el cielo como si las nubes fuesen un regalo de Navidad y los felices y los infelices suben directamente a los hipódromos eternos por la escalerilla del anillador de gaviotas.
Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lèdo Ivo. Un poema de Lèdo Ivo es el amante de un reloj de sol que abandona de puntillas los hostales de la mañana siguiente. La mañana siguiente es lo que iban a decirse aquellos que nunca llegaron a encontrarse, los que aún así se amaron y salen del brazo con la brisa del anochecer a celebrar el cumpleaños de los árboles y escriben partituras con el timbre de las bicicletas.
Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lèdo Ivo. Lèdo Ivo es una escuela llena de pinzones y un timonel que canta en el platillo de leche. Lèdo Ivo es un enfermero que venda las olas y enciende con su beso las bombillas de los barcos. En Cavalo Morto todas las cosas perfectas pertenecen a otro, como pertenece la tuerca de las estrellas marinas al saqueador de las cabezas sonámbulas y el cartero de las rosas del domingo a la coronita de luz de las empleadas domésticas.
Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lèdo Ivo. En Cavalo Morto cuando muere un caballo se llama a Lèdo Ivo para que lo resucite, cuando muere un evangelista se llama a Lèdo Ivo para que lo resucite, cuando muere Lèdo Ivo llaman al sastre de las mariposas para que lo resucite. Háganme caso, los recuerdos hermosos son fugaces como las ardillas, cada amor que termina es un cementerio de abrazos y Cavalo Morto es un lugar que no existe.
Por último, una nota más sobre este libro y un homenaje a la asociación Fahrenheit 451, LAS PERSONAS LIBRO. No puedo dejar de aplaudir a este colectivo en su labor de difusión de la palabra viva, un grupo de personas que se reúnen para recitar, narrar textos memorizados de la literatura o del saber universal en un afán de comunión con quien escucha, con el otro que puede apreciar la riqueza impagable de unos párrafos, de unos versos directamente. Hacen una labor parecida a la de Lorca con su teatro universitario “
LÁPIDA EN
En este lugar criminales serbios quemaron la noche
del 25 al 26 de agosto de 1992
dos millones de libros.
La hierba seguirá creciendo sobre la tumba de
Izar Zarajlic
Alguien dejará su pañuelo sobre la tumba de
Wilde.
Otro acercará su oído al río que pasa bajo los ojos de
Pasternak.
En este lugar Nina y Raza esperan el tranvía número 6.
martes, 10 de noviembre de 2009
Señales de vida, de Juan Antonio González Romano
Señales de vida es el primer poemario de Juan Antonio González Romano. Con formas de la tradición popular como la soleá o la seguidilla el poeta conforma un poemario lleno de pensamientos, sentencias, juegos y emociones en torno a la vida, el amor y la muerte. Un libro, efectivamente, que con formas populares aborda temas trascendentales de manera sencilla y profunda. Se consigue así un efecto de clamor flamenco ante la fugacidad de la vida, pasando por estas composiciones tópicos clásicos continuamente referidos a los tres temas universales (amor, vida, muerte) como el carpe diem o el cotidie morimur.
El autor nos advierte en el poema liminar “Diálogo del autor con Antonio Machado” sobre el peligro de afanarse en la lenta perfección frente a la rapidez que exige el poco tiempo que tenemos. Se trata de una actitud vital, epicúrea, de consumir, saborear, exprimir los días de la mejor manera que se confirmará en las siguientes composiciones como la mejor forma de enfrentarse a la muerte, tema que me parece el más importante de los tres, donde se percibe estoica y dignamente, la mirada hacia lo fatal.
La primera parte, “De cadencias” comienza con un poema que confirma estas palabras introductorias:
Esta noche nos amamos
ajenos a nuestra suerte,
sin pensar en el mañana…
mañana será otra muerte.
Mención aparte merece el sonetillo “(Homenaje a Manuel Machado)”, un guiño intertextual con el famoso sonetillo “Verano” de don Manuel.
Continúa la siguiente parte “Sguidillas” en el mismo tono luminoso y corpóreo que el sonetillo.
En la parte titulada “Seguidillas (casi) intrascendentes” y en la última “Soleares”, el poeta continúa el juego intertextual con otros autores como Catulo, Berceo, Manuel Machado, Guillén o Neruda que permite una distancia justa para ironizar, desenfadarse con la vida a través de la poesía.
Estas últimas soleares son las que más me interesan por su intensidad contenida. Hay muchas que podríamos seleccionar, pero os dejaré con la que me parece que resume el quehacer del poeta o del filósofo que hay en cada ser humano:
Vivir: caminar a oscuras.
Porque al fin y al cabo el hombre
solo es dueño de sus dudas.
Se agradece estas Señales de vida en el panorama poético actual por atreverse a manifestar el espíritu popular en versos que condensan la profundidad individual del poeta. No en vano son su testimonio, sus Señales de vida.




