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lunes, 8 de agosto de 2011

Isabel Pérez Montalbán o la nueva poesía social

Isabel Pérez Montalbán (Córdoba, 1964) es, desde mi punto de vista, la voz poética más clara y emocionantemente social de la poesía española actual. Su último libro Un cadáver lleno de mundo le valió el XVII Premio Ciudad de Córdoba “Ricardo Molina”. Se trata de un precioso recorrido biográfico-literario (“Currículum vítae”) en dos partes: “El crecimiento” y “Supervivencia”, un recorrido que recoge toda una conciencia política y social que denuncia las injusticias del sistema, que clama su indignación y proclama la herida de los pobres, el frío del proletario. Digamos que Isabel Pérez Montalbán culminan con este título proveniente de un verso de César Vallejo (Su cadáver estaba lleno de mundo) una obra excepcional en su coherencia íntima y social. Una poeta recomendable y necesaria.

Además de este libro ha publicado los poemarios No es precisa la muerte, Puente levadizo, Fuegos japoneses en la bahía, Cartas de amor de un comunista, Los muertos nómadas, El frío proletario, La autonomía térmica de los pingüinos, Siberia propia y Animal ma non troppo.

Expongo a continuación dos poemas. El primero, perteneciente al poemario Cartas de amor de un comunista, es uno de los poemas más emocionantes que he leído últimamente. Se trata del titulado “Clases sociales”, un poema que enseguida nos conecta intertextualmente con la atmósfera y el sentimiento de Los santos inocentes, de Miguel Delibes.

El siguiente poema que he seleccionado para esta ocasión es el titulado “La supervivencia”, de Un cadáver lleno de mundo. Se trata del primer poema de la segunda parte que ejemplifica las ideas ya expuestas sobre una poética donde se une íntimamente lo biográfico y lo social, y cuya suma supone una emoción inevitable.



CLASES SOCIALES

                    Los pobres son príncipes que tienen
                    que reconquistar su reino.

Agustín Díaz-Yanes
Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto


Con seis años, mi padre trabajaba
de primavera a primavera.
De sol a sol cuidaba de animales.
El capataz lo ataba de una cuerda
para que no se perdiera en las zanjas,
en las ramas de olivo, en los arroyos,
en la escarcha invernal de los barrancos.
Y cuando oscurecía, sin esfuerzo,
tiraba de él, lo regresaba níveo,
amoratado, con temblores
y ampollas en las manos,
y alguna enredadera de abandono
en las paredes quebradizas
de sus pulmones rosas
y su pequeño corazón.

En sus últimos años volvía a ser un niño:
se acordaba del frío proletario,
(porque era ya substancia de sus huesos),
del aroma de salvia, del primer cine mudo
y del pan con aceite que le daban al ángelus,
en la hora de las falsas proteínas.

Pero su señorito, que era bueno,
con sus botas de piel y sus guantes de lluvia,
una vez lo llevó, en coche de caballos,
al médico. Le falla la memoria
del viaje: lo sacaron del cortijo sin pulso,
tenía más de cuarenta de fiebre
y había estado a punto de morirse,
con seis años, mi padre, de aquella pulmonía.
Con seis años, mi padre.



            Isabel Pérez Montalbán
            Cartas de amor de un comunista, Germanía, Valencia, 1999

En las eras. Escober (Zamora, 1988), foto de la muestra España oculta. / CRISTINA GARCÍA RODERO (MAGNUM)



LA SUPERVIVENCIA


¿Es que ya no te acuerdas? Del derecho político,
del autobús tan frío amaneciendo
por donde los establos del tráfico y la fiebre.

No renuncies. Acuérdate de entonces,
de respirar la pringue en las cocinas,
de aquel olor a furia y camposanto;
y de las comuniones, del salario de abril,
de platos y más platos en jabón corrosivo,
de las manos con cortes y durezas.
Aquel mundo se abría y se cerraba
mientras pelar patatas inspiraba un poema
con que iniciar la búsqueda subversiva de un nido.

Y dónde estabas tú, por el abrazo
de qué amante mortal y migratorio,
sobre cuál sembradura te dormías,
qué noche de borrasca la cuna provisoria
no soportó ya el peso de plumas y reptiles,
y en el fondo de qué bendito estercolero
te sorprendió de pronto esa hora de morir
o el día soleado de la resurrección.

Sí, me acuerdo. Remuevo los escombros,
la oxidada hojalata de los años,
y en los tiempos de escasas proteínas,
de chispa y minifalda de estraperlo,
estaba yo nublada en la extensión
de las piernas y al borde de lo oscuro,
precipitada al filo en los apuntes,
mordida por la anemia y la humedad;
toda la piel un gélido archipiélago
de pecas con las playas sin camino.

Estaba, pero no era todavía.
Huidiza del contacto y de las clases,
entre la disciplina y el incendio,
entre los canapés y el medio bocadillo,
entre la nicotina y la cordura,
estaba pero no era. Sólo fingía ser.
Aunque a veces de golpe estuve y fui
por el domingo ocaso de llovizna,
sola en salas de cine también solas:
Redford sobrevolaba las praderas de África,
moría sin saber que yo lo esperé siempre.


Isabel Pérez Montalbán
            Un cadáver lleno de mundo, Hiperión, Madrid, 2010



viernes, 17 de junio de 2011

El tiempo escrito (reseña crítica de Tumbada cicatriz, primer poemario de Iván Onia)





Con Tumbada cicatriz (plaquette n.º 3 de la colección «La poesía que viene», Ediciones En Huida, Sevilla, 2011) el joven poeta Iván Onia nace a la escena poética. Se trata de un libro que ya desde su título nos anuncia el uso de potentes imágenes que circulará a lo largo de toda la obra. Tumbada cicatriz constituye una perfecta metáfora del fondo que contiene el poemario, la huella de una herida tras el tiempo susceptible de interpretarse desde el presente, desde la reflexión y la creación poética. Pero también el poema contendrá la posibilidad de proyectar el tiempo hacia el futuro (pensemos, por ejemplo, en los últimos poemas «Para que me sobrevivan mis libros» y «Poema para después» que certeramente cierran la estructura del libro proyectándolo paradójicamente sobre el tiempo que vendrá).

Por tanto, ya se aborda y se funden temas esenciales como el tiempo, lo elegíaco o la memoria con el pensamiento y sentimiento del poeta que crea y recrea un universo poético muy peculiar. Un universo por el que se desplaza un discurso íntimo, sin elevaciones de voz que la haga parecer falsa, sin destemplanzas, ejerciendo así una técnica sin alardes, procurando que la invisibilidad de esa técnica no sea menor que su eficacia. Sin duda, algo que se agradece y caracteriza una línea clara de la poesía de los últimos tiempos en las letras hispánicas, una línea que, sin duda, parte de don Antonio Machado (pues para él también la poesía es un diálogo del hombre con el tiempo; y también para él, como nos cuenta su heterónimo Juan de Mairena, la oración Los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa puede tener su correspondencia en lenguaje poético con esta otra oración: Lo que pasa en la calle). Precisamente «Lo que pasa» es el título del segundo poema de este cuaderno:

Lo que pasa es la ausencia de fronteras,
la incertidumbre unida a la certidumbre
de no saber apenas […]

Iván Onia consigue con este primer libro crear un mundo de símbolos cotidianos, de los cuales quizás el más característico sea el café por la polivalencia que le otorga el poeta: esa sustancia relacionada con el despertar, con la mañana, con la rutina que connota distintos matices según su lugar en el poema. En el primer poema titulado «Hoy me desperté», leemos, por ejemplo:

toda una suerte de imágenes que se repiten
desde el fondo vencido de la casa;
el tintineo de la cuchara en el café
o estas voces que se consumen sobre el presente.

En el poema «Verbena»:

o despertarse todas las mañanas
para beberse la sombra caliente
de un café como si fuese la propia.

En «Cafés de biblioteca» este símbolo se define de modo más evidente:

Los cafés de la biblioteca
son solubles, automáticos,
saben a rémora y asueto,
a urgencia, a charla, a beneplácito.
Tienen el espesor y el precio en paz,
son flemáticos o de un sorbo,
huelen siempre a palabra –pronunciada
                                                          o impresa–
se tornan en un chute necesario,
una excusa, un buche de aire
y un soplo de cafeína.
También son remordimientos, suspiros
de alivio o de utopía,
una droga, una esperancita
que nos espera a la hora en punto.
            […]

Así se ejemplifica su discurso poético no sólo en la forma que hemos comentado, sino también en el fondo que aborda la solidaridad del ser ante su destino, su futuro incierto, pero también la fortaleza para no caer, no rendirse a lo fatal que no es la muerte, sino esa superstición natural enemiga de la luz ilustrada de los libros:­

[…]
Así que el sagaz vidente que ve
o adivina el porvenir en
los posos fríos del café
debería estar aquí, buscar en
las papeleras y ponernos
a cada uno –pobres infelices–
un futuro a la medida.

Los libros pueden ser una referencia simbólica en metáforas como la que concluye el poema «Los flacos símbolos»:

Que fui un muchacho y te quise
sobre cada palabra que, ahora que no estamos,
tú rescatas igual que a un libro de las llamas.

O bien, los libros (de la biblioteca futura del poema «Para que me sobrevivan mis libros») son símbolos metapoéticos, los frutos de la creación literaria de Iván Onia. Nos referimos precisamente aquí al sentido metafórico que contiene el título de este cuaderno, a esa evocación constante del hecho poético como acto liberador que los libros conservan en sí mismos. Este motivo se asocia igualmente a otros símbolos, objetos cotidianos propios del escritor: la pluma, el lápiz y el cuaderno o el papel, lugar donde tiene lugar el teatro de operaciones, la lucha consigo mismo, con su propia creación (en «Poema con adversario» se concluye: Cerrar el cuaderno como se abren los puños).

Deja Iván Onia en su primer libro una serie de referencias intertextuales históricas, cinematográficas, poéticas que dibujan un marco perfecto para encajar sus inquietudes estéticas y reflexivas originadas por su educación sentimental («Noche en el Rick’s Café», «The Wallace Hartley Band»). El juego literario se enriquece con el guion de Casablanca, por ejemplo, en el primer aludido, junto a la ficcionalización del yo poético.

Sobresalen por su impacto poemas breves y sentenciosos iluminados por una potente imagen como en los poemas «Cartas» o «Diálogo», así como en «Madrugada de chicle y bagatelas», colección de ocho sentencias donde el lenguaje metafórico se muestra en su máximo esplendor. A modo de proverbios que coquetea con los del mencionado Machado o con la greguería de don Ramón encontramos composiciones tan brillantes como estas:

            […]
V
Sobre las camas de los hospitales
crecen las rosas con un beso en la frente.

VI
Cuando los dioses notan el metálico
sabor de las heridas, huyen hacia
el Olimpo sangrando mortalidad.

VII
Es cierto, mis pies huyen,
pero no reconocen el circulo.

VIII
Hasta mi pluma miente si pronuncio
-líquidas, negras- estas alambradas.


No cabe duda de la modernidad de esta poesía afín a una poética de la experiencia, una poesía que, no obstante, no trata de parecerse a nada, sino más bien huir de cualquier tendencia y buscar su propia voz, única y original hacia otra dirección órfica, incierta, recóndita y apasionante. 

sábado, 26 de marzo de 2011

Presentación de CUADERNOS DE LISBOA

El próximo sábado, 2 de abril, a las 12.00 h tendrá lugar la presentación de mi segundo poemario Cuadernos de Lisboa (Ediciones En Huida, Sevilla, 2011). Será en la Sala Refectorio de la CASA DE LOS POETAS-Centro Cultural Santa Clara (c/ Becas s/n. Sevilla). En el acto intervendrán algunas personas libro. Será magnífico vernos allí.



sábado, 25 de diciembre de 2010

Equilibristas (Ultramariana Cartonera & Digital, Sevilla, 2010), segundo libro de Rocío Hernández Triano





Acaba de publicarse el segundo libro de Rocío Hernández Triano, Equilibristas. Se trata de un libro que no deja indiferente como tampoco lo ha hecho su reciente primer libro, Viento de cuchillos (Ediciones En Huida, Sevilla, 2010), publicado igualmente no hace más de un mes. Pero no se engañen, no confundan lo prolífico con lo inmediato. Rocío es una escritora de fondo, hace tiempo que nada en las aguas de la literatura, ajena quizás a cantos de sirenas, a concursos y tertulias de salón... ha querido ahora ofrecer a través de sus amigos editores una obra inédita desde hace tiempo. Yo, personalmente, se lo agradezco profundamente. Y quizás, quién sabe si alguna otra editora pueda algún día publicar también sus relatos y sus microrrelatos, auténticas joyas que he tenido el privilegio de conocer. 
















La editorial Ultramarina Cartonera & Digital es una de las apuestas editoriales independientes más originales del territorio, pues hablamos de la primera editorial cartonera en España, y la primera de esta categoría que difunde sus propios libros igualmente en formatos digitales. Surgida a principios de 2010, la editorial Ultramarina publica la obra de poetas de diversas latitudes y edades, autores que presentan obras de interés poético amplio, rotundo y abierto. En el proyecto se involucran artistas plásticos junto a diseñadores informáticos. De este modo se reconcilian dos mundos o dos galaxias (Gutenberg y Digital) de la edición: el  libro artesano / cartonero (versión impresa con pretensión de libro de artista) y el libro digital (en dos formatos distintos con descarga gratuita o con pago, según se elija).

Características de la edición cartonera: 1. Libros únicos. Portada y contraportada elaborada a mano por artesanos cartoneros e ilustradas por talentosos artistas plásticos. Cada ejemplar es distinto y único. 2. Edición ilustrada. 3. Papel de interior de diferentes colores. 4. Edición limitada. Se realizan 100 ejemplares por cada tirada. 5. Es un objeto único, de colección. No hay dos iguales. 6. Contiene además Plaquettes Ultramarinas sobre autores americanos contemporáneos. 7. El libro va dentro de una bolsa con solapa adherible, incluye cintilla con información del libro. La solapa de cada ejemplar cierra con velcro.
Características de la edición digital: la editorial ofrece, por un lado, la posibilidad de descarga gratuita del libro, y, por otro, una versión digital de pago con las siguientes características: 1. Cada libro digital es único, al estar personalizado gracias a la labor de artistas plásticos invitados que pintan la portada. Esta se escanea y se coloca en el libro digital. La portada original se envía por correo. 2. Edición Digital a color de la edición cartonera. El libro electrónico comprado, a diferencia del libro cartonero, puede contemplarse con los colores que usaron cada uno de los artistas en el trabajo de ilustración del interior del libro. 3. Se envía por correo la portada original. 4. Cada ejemplar digital contiene también una plaquette de poesía (digital), y un Wallpaper de serie limitada.

jueves, 10 de junio de 2010

Variación sobre una advertencia memorable de Felipe Benítez Reyes


Creo recordar que corría el año 1996 cuando, entre un grupo de jóvenes poetas universitarios de Córdoba, un querido maestro me propició el encuentro con el escritor Felipe Benítez.

Fuera de las aulas, pasamos a tomar unas tapas en la famosa taberna de Plateros en el casco antiguo cordobés, y fue allí donde en plenas conversaciones sobre lo divino y lo humano, la literatura y la vida, Felipe recibió una magnífica noticia por teléfono, acababa de recibir el Premio Nacional de Poesía por su libro Vidas improbables.

Tengo aquel recuerdo muy presente por varios motivos, entre ellos, porque imprimí en el reverso de una pequeña cartulina (usada como invitación a unos de los recitales que solíamos organizar en los bares nocturnos de la ciudad, ya que no tenía papel mejor aquella tarde y se hacía tarde…) una variación sobre el que era ya un poema memorable, el más célebre del autor podría decir. Me refiero al poema “Advertencia” de su libro Los vanos mundos (1985).

Para mí fueron sus palabras sinceras de agradecimiento. Hoy, después de catorce años se me ocurre colocarlo en mi blog por varios motivos.

Primero, porque hoy sigo recitando el famoso poema como persona libro (del Proyecto Fahrenheit 451 del que tanta constancia queda en este blog).


Segundo, porque me parece algo muy didáctico para esta aula poemática como ejercicio de creación a partir de otro texto (no voy a entrar en disquisiciones intertextuales ni a nombrar al señor Genette ni a la señora Kristeva).

Tercero, porque me parece muy interesante apreciar cómo funcionan los poemas:

El poema de Benítez Reyes tiene dos aciertos principales: el fondo y la forma.


Sobre el fondo, trata una idea que parte de una variación del carpe diem horaciano o del cogito virgo rosas de Ausonio: la idea principal que reside en el último verso agradeciendo a quien te quiso el regalo fugaz de su hermosura. Pero, naturalmente, el poeta pone al lector que recibe su advertencia en lucha con las dos posturas posibles e irreconciliables ante la adversidad del dolor amoroso: el rencor y el perdón. La advertencia de Benítez Reyes pretende ofrecer el equilibrio interior, una ataraxía taoísta frente a ese huracán de la pasión y sufrimiento que supone esa ruptura amorosa que casi todo el mundo experimenta tarde o temprano. En fin, el fondo del poema está en esa dualidad extrema y desconcertante que se produce en el interior de la persona cuyo amor le abandona.

Sobre la forma, una característica propia del poeta roteño ha sido siempre un imponente sentido del ritmo y este poema es buena muestra de ello. A través de esa estructura oracional de subordinación condicional se articula el poema en sus dos partes. La segunda parte viene a ser una reiteración conclusiva de la primera (Así que cuando sufras —y lo harás—) que va in crescendo hasta el último verso ya comentado sobre la fugacidad de la vida y la importancia de saber aprovechar lo bueno que pueda tener, en este caso, ese regalo fugaz y hermoso que conlleva un amor aunque sea pasajero. Continúo con el ritmo que vemos está íntimamente relacionado con la estructura (paralelismo semántico de los versos que abren cada parte, por ejemplo, o bien, esa epífora genial en esos mismos versos que es —y lo harás— como fórmula encapsulada entre rayas explicativas que a modo de augurio condensa una potente fuerza rítmica que viene probablemente del mismo dolor, de la misma experiencia del emisor, el autor o el personaje de la voz poética).


Advertencia


Si alguna vez sufres —y lo harás—
por alguien que te amó y que te abandona,
no le guardes rencor ni le perdones:
deforma su memoria el rencoroso

y en amor el perdón es sólo una palabra

que no se aviene nunca a un sentimiento.
Soporta tu dolor en soledad,
porque el merecimiento aun de la adversidad mayor
está justificado si fuiste
desleal a tu conciencia, no apostando
sólo por el amor que te entregaba
su esplendor inocente, sus intocados mundos.

Así que cuando sufras —y lo harás—
por alguien que te amó, procura
acusarte a ti mismo de su olvido
porque fuiste cobarde o quizá fuiste ingrato.
Y aprende que la vida tiene un precio
que no puedes pagar continuamente.
Y aprende dignidad en tu derrota,
agradeciendo a quien te quiso
el regalo fugaz de su hermosura.


Felipe Benítez Reyes

Los vanos mundos



Tras el poema de Felipe Benítez Reyes, y las impresiones sobre el mismo ofrezco la otra cara del sentido del mensaje manteniendo su mismo sentido rítmico, pues es ahí donde la magia del poema responde aún hoy creo que al subconsciente de muchos lectores como yo, el de ayer que se atrevió a reescribirlo, y el de hoy que se atreve a mostrarlo a todos ustedes con todo el afecto y admiración al maestro.



Variación sobre una advertencia memorable de Felipe Benítez Reyes

Si alguna vez amas —y lo harás—
a alguien que te quiere y que te espera,
no le guardes sus caricias ni sus besos:
describe su cuerpo la blanca mano
y en amor un beso es siempre una acción
que no se aviene nunca a un fingimiento.
Disfruta tu amor en su compañía,
porque el merecimiento aun de la fortuna mayor
está justificado si eres
leal a tu corazón, apostando
ante todo por el amor que te entrega
su cuerpo desnudo, sus tocadas manos.

Así que cuando ames —y lo harás—
por alguien que te espera, procura siempre
buscarte a ti misma en su recuerdo
porque eres efímera o quizá eres para siempre.

Y aprende que la vida tiene un valor

que nadie podría entender jamás.
Y aprende también orgullo en tu victoria
agradeciendo a quien te quiere
el regalo perdurable de su amor.


Daniel García Florindo
(inédito)

lunes, 7 de diciembre de 2009

La casa roja de Mestre, dos caballos muertos... y mis personas libro



La casa roja, de Juan Carlos Mestre es el libro galardonado con el Premio Nacional de Poesía 2009, donde los versículos a veces se amplían hasta convertirse en una prosa poética intensa a base de imágenes que se agrupan y se atropellan con ritmo de salmodia. Este ritmo impregna al texto de algo sagrado, hace de los poemas conjuros que apelan a la intuición del lector. Es mejor dejarse llevar que pararse a cada instante en la profundidad de tanta riqueza imaginaria, o bien, es recomendable releer a veces algunos poemas que recobran así una nueva capa de intelecto y emoción. No se trata de surrealismo, sino de una difícil apuesta creativa que no divaga por las nubes, sino que tiene los pies en la tierra lo que le hace ser pesimista en la caída del vuelo solidario que persigue. Esa triste utopía por ser utopía es la que se canta con la solidaridad de una casa abierta, ideológicamente roja. Una casa donde habitan las palabras, la poesía, la luz, las ideas, los ideales… Nada nuevo en la alta poesía de Mestre, aunque podríamos añadir a su sentido crítico cierta ironía sutil y aguda que no encontramos en los anteriores La tumba de Keats o La poesía ha caído en desgracia.


Al leer el segundo poema del libro entendí que las estrellas son para quien las trabaja. Se trata de un poema mágico, de los que deja huella y quisiera uno haber escrito, o bien, aprendérselo de memoria. Me refiero al poema “Cavalo morto”, título también de otro poema del brasileño Lèdo Ivo que expongo a continuación:



CAVALO MORTO


En Cavalo Morto las muchachas acostumbran a pasear con los soldados. Y después a amar. Surge entonces un despropósito: ellas, tras el amor, bordan en las nubes, con un alfabeto azul y blanco, los nombres de sus pretendientes: José, Antonio, Manuel, Juan.


Las muchachas vuelven más jóvenes de esos amores en el matorral. Vuelven intrépidas, excitadas por el brebaje de la luna. Y para ellas no hay exigencias, cobardías, acontecimientos. Hay los soldados del batallón.


En agosto, enero y aún en septiembre, las muchachas aman en Cavalo Morto. Pasan abrazadas a sus amantes y dejan en la arena del camino alguna cosa, espuma o gasa. Los soldados no saben hacer sonetos, pero ¡cómo aman!


Por la noche Cavalo Morto nunca está despoblado. Y si usted para un día y oye voces y risas y jadeos amorosos, no se asuste con miedo fantasmal. Son las muchachas amando a los soldados en Cavalo Morto.



Perfecto ejemplo donde el ritmo amplio y solemne del salmo se construye sobre un uso retórico —perdón, mágico— de la anáfora y la concatenación. Podríamos hablar aquí de intertextualidad, pero yo preferiría un nuevo concepto que aún no existe en la crítica literaria, o al menos no conozco. Me atrevo a sugerir no una interrelación de los textos, sino de su esencia lírica. En fin, se trata de una construcción lírica a partir de otra, un potente artilugio poemático. Aquí lo tienen:



CAVALO MORTO


Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lèdo Ivo. Un poema de Lèdo Ivo es una luciérnaga que busca una moneda perdida. Cada moneda perdida es una golondrina de espaldas posada sobre la luz de un pararrayos. Dentro de un pararrayos hay un bullicio de abejas prehistóricas alrededor de una sandía. En Cavalo Morto las sandías son mujeres semidormidas que tienen en medio del corazón el ruido de un manojo de llaves.


Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lèdo Ivo. Lèdo Ivo es un hombre viejo que vive en Brasil y sale en las antologías con cara de loco. En Cavalo Morto los locos tienen alas de mosca y vuelven a guardar en su caja las cerillas quemadas como si fuesen palabras rozadas por el resplandor de otro mundo. Otro mundo es el fondo de un vaso, un lugar donde lo recto tiene forma de herradura y hay una sola tarde forrada con tela de gabardina.


Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lèdo Ivo. Un lugar que existe en un poema de Lèdo Ivo es un río que madruga para ir a fabricar el agua de las lágrimas, pequeñas mentiras de lluvia heridas por una púa de acacia. En Cavalo Morto los aviones atan con cintas de vapor el cielo como si las nubes fuesen un regalo de Navidad y los felices y los infelices suben directamente a los hipódromos eternos por la escalerilla del anillador de gaviotas.


Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lèdo Ivo. Un poema de Lèdo Ivo es el amante de un reloj de sol que abandona de puntillas los hostales de la mañana siguiente. La mañana siguiente es lo que iban a decirse aquellos que nunca llegaron a encontrarse, los que aún así se amaron y salen del brazo con la brisa del anochecer a celebrar el cumpleaños de los árboles y escriben partituras con el timbre de las bicicletas.


Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lèdo Ivo. Lèdo Ivo es una escuela llena de pinzones y un timonel que canta en el platillo de leche. Lèdo Ivo es un enfermero que venda las olas y enciende con su beso las bombillas de los barcos. En Cavalo Morto todas las cosas perfectas pertenecen a otro, como pertenece la tuerca de las estrellas marinas al saqueador de las cabezas sonámbulas y el cartero de las rosas del domingo a la coronita de luz de las empleadas domésticas.


Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lèdo Ivo. En Cavalo Morto cuando muere un caballo se llama a Lèdo Ivo para que lo resucite, cuando muere un evangelista se llama a Lèdo Ivo para que lo resucite, cuando muere Lèdo Ivo llaman al sastre de las mariposas para que lo resucite. Háganme caso, los recuerdos hermosos son fugaces como las ardillas, cada amor que termina es un cementerio de abrazos y Cavalo Morto es un lugar que no existe.



Por último, una nota más sobre este libro y un homenaje a la asociación Fahrenheit 451, LAS PERSONAS LIBRO. No puedo dejar de aplaudir a este colectivo en su labor de difusión de la palabra viva, un grupo de personas que se reúnen para recitar, narrar textos memorizados de la literatura o del saber universal en un afán de comunión con quien escucha, con el otro que puede apreciar la riqueza impagable de unos párrafos, de unos versos directamente. Hacen una labor parecida a la de Lorca con su teatro universitario “La Barraca”, llevando las obras de pueblo a pueblo, de ciudad en ciudad. Yo los he conocido, he colaborado con ellos y mi amada es una de ellas. Por eso quiero dejar también este regalo que nos hace Mestre en su casa roja, el penúltimo poema del libro titulado “Lápida en la Biblioteca de Sarajevo”:



LÁPIDA EN LA BIBLIOTECA DE SARAJEVO


En este lugar criminales serbios quemaron la noche

del 25 al 26 de agosto de 1992

dos millones de libros.


La hierba seguirá creciendo sobre la tumba de

Izar Zarajlic


Alguien dejará su pañuelo sobre la tumba de

Wilde.


Otro acercará su oído al río que pasa bajo los ojos de

Pasternak.


En este lugar Nina y Raza esperan el tranvía número 6.






martes, 10 de noviembre de 2009

Señales de vida, de Juan Antonio González Romano



Señales de vida es el primer poemario de Juan Antonio González Romano. Con formas de la tradición popular como la soleá o la seguidilla el poeta conforma un poemario lleno de pensamientos, sentencias, juegos y emociones en torno a la vida, el amor y la muerte. Un libro, efectivamente, que con formas populares aborda temas trascendentales de manera sencilla y profunda. Se consigue así un efecto de clamor flamenco ante la fugacidad de la vida, pasando por estas composiciones tópicos clásicos continuamente referidos a los tres temas universales (amor, vida, muerte) como el carpe diem o el cotidie morimur.


El autor nos advierte en el poema liminar “Diálogo del autor con Antonio Machado” sobre el peligro de afanarse en la lenta perfección frente a la rapidez que exige el poco tiempo que tenemos. Se trata de una actitud vital, epicúrea, de consumir, saborear, exprimir los días de la mejor manera que se confirmará en las siguientes composiciones como la mejor forma de enfrentarse a la muerte, tema que me parece el más importante de los tres, donde se percibe estoica y dignamente, la mirada hacia lo fatal.


La primera parte, “De cadencias” comienza con un poema que confirma estas palabras introductorias:


Esta noche nos amamos

ajenos a nuestra suerte,

sin pensar en el mañana…

mañana será otra muerte.


Mención aparte merece el sonetillo “(Homenaje a Manuel Machado)”, un guiño intertextual con el famoso sonetillo “Verano” de don Manuel.


Continúa la siguiente parte “Sguidillas” en el mismo tono luminoso y corpóreo que el sonetillo.

En la parte titulada “Seguidillas (casi) intrascendentes” y en la última “Soleares”, el poeta continúa el juego intertextual con otros autores como Catulo, Berceo, Manuel Machado, Guillén o Neruda que permite una distancia justa para ironizar, desenfadarse con la vida a través de la poesía.


Estas últimas soleares son las que más me interesan por su intensidad contenida. Hay muchas que podríamos seleccionar, pero os dejaré con la que me parece que resume el quehacer del poeta o del filósofo que hay en cada ser humano:


Vivir: caminar a oscuras.

Porque al fin y al cabo el hombre

solo es dueño de sus dudas.


Se agradece estas Señales de vida en el panorama poético actual por atreverse a manifestar el espíritu popular en versos que condensan la profundidad individual del poeta. No en vano son su testimonio, sus Señales de vida.